30 de enero de 2009

Madrid. Exteriores.

En una terraza de mediodía, me encuentro con L.
Su conversación culta y agradable, bajo el sol de un invierno primaveral, nos alerta del placer de la coincidencia; de la aventura del flaneur que anda y desanda la ciudad. Unas calles regaladas por la anulación del tiempo, por la derogación de entrevistas anotadas cuidadosamente...
Olvidamos fácilmente la importancia del azar.

20 de enero de 2009

N. busca becario

N. viene a cenar ayer. Se autodefine como progresista y de izquierdas. Se suma a causas loables en el tercer mundo. Ahora dirige un festival cultural en Barcelona, subvencionado por la Generalitat y otras organizaciones. Busca un nuevo meritorio en prácticas para que la ayude con las tareas de producción. Quedó bastante decepcionada con el del año pasado. Yo le explico que es parte del asunto: alguien a quién no le pagas, no tienes derecho a exigirle un buen trabajo. Me mira extrañada. Continúo la idea: el sistema de prácticas, que nacen conjuntamente con el auge de los masters, es una explotación encubierta, y también una forma de borronear las cifras reales del desempleo. Que si es de izquierdas, tal como a ella le gusta definirse, debería oponerse a esto y contratar a alguien, pagándole como dios manda, como contrapartida por su fuerza de trabajo (es decir, su tiempo y aportación a la empresa). Se defiende diciendo que no tiene presupuesto, le respondo que entonces no haga el festival. Argumenta que "no lo hace por ella sino por la sociedad". Risas. Si la sociedad no te puede dar el dinero que necesitas entonces cierra, no aceptes catárticas limosnas, remato. No me entiende, sé que no me puede entender. Ella cree que ser de izquierdas es vestirse con un pañuelo a cuadros, una especie de moda cool. Lo que no sabe, ni nunca sabrá si no estudia un poco, es que la izquierda es una actitud, ante todo, materialista, es decir, económica. Y mientras estos vociferantes progres sigan así, no hacen más que favorecer la explotación del otro, pero eso sí, con buen rollito y sin siquiera una buena ley de indemnizaciones

9 de enero de 2009

El despropósito mediático [III]

La prensa española nos sorprende con noticias que más que el relato de una guerra parecían ser una triste y populista versión de los protocolos de los sabios de sión.
Hace unos días, en una cadena de televisión, "nos mostraban" como los judíos israelíes disfrutaban y se restregaban las manos, felices y contentos, con la sangre que sus tanques exprimía a los pobres palestinos. Atacados así, sin ton ni son, y por pura y maléfica diversión de esos malvados barbudos, tocados con gorrito.
Más que periodismo -ese anacrónico anhelo de busca de la verdad- parecía una soflama antisemita digna del más rastrero escritor.

Ya hace años vengo observando el fenómeno. Cada vez que se enciende el Oriente Medio, y sólo si Israel esta involucrado, las primeras planas se regocijan en el dolor y en la muerte. Ríos de tinta que van a parar a un mar de inexactitudes y de cobardías. Un ritual dónde la muerte del otro sólo sirve para justificar el odio y la ignorancia. Poco es el interés que siente esa prensa por el destino de los oprimidos en general y de los palestinos en particular. Poco es el apoyo de la sociedad española ante la barbarie y la masacre. No recuerdo haber visto manifestaciones tan urgentes cuándo se asesinaban cientos de miles de personas en Rwanda, ni cuando lo de Darfur, ni por la masacre constante de congoleños. No. Ni siquiera he visto manifestación indignada alguna cuándo el Hamas, golpe de Estado de por medio, asesinaba a casi doscientos palestinos, arrojando a algunos por las ventanas. Todo esto lo vimos todos, todo esto lo conocemos todos, pero sólo salta a la primera plana de los periódicos, o a las calles, cuándo el sujeto de la acción es Israel. Es un fenómeno, como mínimo, sospechoso.

Y digo esto, antes siquiera, de pronunciarme sobre los acontecimientos...

1 de enero de 2009

28 de diciembre de 2008

Semblanza de ellos

Ellos son así.
Te molestan, te arrojan piedras y te insultan, haciendo muecas y desencajando el rostro...
Y cuándo tu, harto ya, le das su merecida hostia; van llorisqueando por ahí mostrando al mundo sus heridas.

22 de diciembre de 2008

Diciembres (al regreso de Nairobi)


El periódico de la mañana traía la siguiente noticia: que este año cada español se había gastado una media de setenta y dos euros en billetes de lotería para el gordo de navidad. Como no conozco a nadie que haya comprado uno, me ratifica ese viejo refrán que dice que la "estadística es esa ciencia exacta que dice que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, cada uno de nosotros tiene un coche". Al final, el gordo tocaría a sólo veinte metros de esta mesa desde la que escribo. Bajo las escaleras, curioso, a ver el espectáculo, mientras desencadeno mi bicicleta rumbo a la piscina. Enjambres de periodistas, esa jauría moderna de lo novedoso, al acecho. Me miran con recelo, no sea cosa que sea un disimulado agraciado. Pero no lo soy. Solo un momento me deleito ante la idea-espectáculo de qué haría de haber sido uno de los premiados... Al regresar, la jauría colaboracionista sigue allí. Ahora con más cámaras, y más chicas en falda, micrófono en mano, en busca de esa historia, la de siempre, la cenicienta moderna que, salvando a uno, nos haga creer que realmente "podemos", cuándo no somos más que un triste público a quién le arrojan las migajas del circo.
Ayer, antes de dormir, comencé a leer "El Retrato" de Gogol. Buena recomendación de C. Ya dormido soñaría con las pinturas de Goya. El color invadía la imagen, algo así como "esos días azules, ese sol de infancia" pero en rojo y verde. Sin todavía despertarme, tomaba consciencia de cuánto echaba de menos a Goya y cuánto me hacían falta sus cuadros en estos momentos. Como si dentro del color estuviera escondido el tesoro... pero no en metálico, sino en palabras.
Hace solo una semana que regresé (regresamos) de Kenia. Proyección de Quién mató a Walter Benjamin... en Nairobi; workshop al otro día en la Academia.
Me sorprendió (¿o me regocijó?) el ver la actualidad del tema a una sociedad aparentemente tan distante. Da cuenta del papel del arte en general, y del cine en particular, para generar diálogo. Uno de los asistentes pregunta, refiriéndose al valor de la cultura, si acaso el conocimiento del pasado, el exorcismo de sus fantasmas, sería suficiente para evitar otra matanza como la de Darfur o Rwanda (refiriéndose al frágil equilibrio social que se respira en Kenia tras los disturbios de principios de año). Contesto que "lamentablemente, toda la Biblioteca Nacional de Paris, con todos sus volúmenes y su sabiduría escrita, no pudo detener la barbarie. Y que por mucho que nos pese a los intelectuales y artistas, lo único que es capaz de detener a un tanque es otro tanque. El role del arte es otro y yo no me creo eso de que 'quién no conoce su historia esta condenado a repetirla'. No hay ninguna relación entre esto y lo otro, como tampoco hay relación alguna entre la cultura y la compasión".
Entonces, ¿qué sentido tiene todo esto?, pensaría más tarde...
Un poco de luz, convertirnos aunque sea en fugaz cerilla entre tanto sentido embotado.

22 de noviembre de 2008

Jerusalén, sábado por la noche


Cuándo salimos del Muro de los Lamentos (kotel ha maaravi) el sábado por la noche, nos percatamos de los buses dispuestos para trasladar a los feligreses a sus barrios. Me acerco a la cola y pregunto por el precio. Me responde un hombre-decimonónico, entre irónico y divertido, "como en shabat no llevamos dinero, subimos sin pagar y mañana lo reintegramos en el primer bus que tomamos". "¿Y el Ayuntamiento se lo cree?", pregunto dudoso. "¡¿Por qué no debería creerlo?!", responde él con media sonrisa, como justificando mi aprensión, en el momento justo en que comienza a avanzar la cola.

11 de noviembre de 2008

El turco S. en Madrid


En su camino entre Buenos Aires y Tel Aviv, el turco S. pasa por Madrid.
Sediento de color y luz, arrastra sus maletas por los largos pasillos del metro, y a tan solo unas horas de aterrizar, se lanza a la conquista del Museo del Prado.
Tras ocho horas allí, sentencia: "Velázquez es mil veces mejor que Goya".
¿Acaso puedo discutir su argumentación?
Me habla de las manos, de la forma de pintar las extremidades, de la luz... habiendo coincidido su visita con la exposición de Rembrandt, imbuido de mesiánica verdad, remata: "mira la luz en Rembrandt y compárala con Goya".
Me río en silencio.
Es como si lanzase un desafío a un coleccionista privado que poseyera decenas de goyas. Pero el turco sabe que de Koplowitz poco tengo... solo atino a decir que "justamente Velázquez y Rembrandt" eran los grandes maestros de Goya, según se lee en la biografía escrita por Javier, truhán de poca monta que tuvo la suerte de nacer hijo del genio y heredar su fortuna.
Acaso, ¿tiene sentido alguno lanzarse en una discusión telefónico-peninsular?
Argumento conciliador que es injusto comparar a Goya con Velázquez, los separan un siglo fundamental en la historia de España y de Europa. "Ya sé davicito", dice el turco, "Goya como iniciador de la pintura moderna. ¿Sabes lo que hice? ¿Le pregunté a un guarda que había allí si habia pintura impresionista en el Museo del Prado, y el muy piola me dice que no, que en el Reina Sofía… ¿O en el Thyssen? Ya no me acuerdo... entonces yo le pregunto, ¿y Goya? ¿Goya no es impresionista? Entonces él, indignado, queriendo poner en su lugar a este provinciano insolente, me contesta categórico, '¡Goya no es impresionista, señor!'".
El turco S. es así, con ánimos de provocador revolucionario, busca la luz dónde está la sombra... Sale exultante tras la visita a su Catedral de la pintura.
Mas tarde, en la silenciosa madrugada de mi balcón, pienso: la comparación entre los dos genios pintores, no por automática, es menos injusta. ¿Qué mundo le tocó vivir a Velázquez? ¿Qué lugar en la Corte? ¿Y a Goya, con seis reyes que se suceden, invasiones y guerras, miseria y terror absolutista? Solo comparemos la armonía, la estabilidad, la posición del cortesano pintor que es Velázquez en ese autorretrato llamado Las Meninas, con la representación sin par del ocaso, propio y Real, en La Familia de Carlos IV.
Casi ciento cincuenta años separan una obra de la otra.
Puede que el turco S. tenga razón. Goya siempre vio en Velázquez un maestro insuperable, hasta el último momento, cuando ya en Burdeos, escribe refiriéndose a sus miniaturas, "que más se parecen a los pinceles de Velázquez que a los de Mengs".
A veces tengo la impresión que Goya mismo estaría orgulloso ante la comparación y afirmación del turco.

13 de octubre de 2008

Sobre la mentada crisis


Leo y poco entiendo. Lo cual no me desmoraliza ni me sorprende. Ya que veo que ni los propios potenciales expertos y conocedores del asunto saben lo que está pasando.
Decido entonces hacer uso de mis rudimentarias herramientas, mis básicos conceptos. Pienso que una crisis, una verdadera crisis de bíblicas magnitudes, surge con la peste, la sequía, la falta de trigo, las guerras, las inundaciones... Una crisis, en los términos que nos ocupa, colijo, es una cuestión de grave falta material.
Nada de esto está sucediendo en la actualidad. Es decir, estamos asistiendo a una crisis virtual, simbólica, que ha terminado por fagocitar la propia realidad.
Distintas manifestaciones de la cultura y el entretenimiento vienen dando pistas sobre este desenlace: realities shows, los hermanos Chapman, Michael Moore y el mismísmimo Damien Hirst... todos estos buenos ejemplos de una cultura basura que pierde el referente y nos vende una falacia. Papelitos de colores, en lugar de oro. Resultado: el globo se pincha, no queda más que aire, y eso es lo que precisamente esta sucediendo con el sistema financiero. Las bolsas pierden, los bancos no confían entre si. Y si el latrocinio no era suficiente, el asalto es ahora a mano armada: "la caja o te mato". Y ahí tenemos a los gobiernos avalando con el dinero de todos, unas cuentas inexistentes, unos números espaciales, unos intereses que ya hemos pagado infinidad de veces y volvemos a pagar ahora con la caja pública, mañana con los impuestos que nos subirán.
Crisis, lo que se dice crisis, no hay. El alimento esta allí. El territorio también. Lo que hay son unos farsantes que han tomado el lugar de lo real y que ahora quieren endosarnos la factura de sus errores.

24 de septiembre de 2008

Memorias de Batman

O llego tarde, o llego demasiado temprano. Me cuesta todavía calcular las distancias en esta ciudad. Hoy llegaba, aparentemente, tarde. Entre conexión y conexión de metro, la pantalla de los monitores con las noticias. Despedida de Bush, mensaje mesiánico de fin de los tiempos de Ahmadineyad. Fue un momento, una imagen de refilón antes de embullirme en el vagón rumbo a Sol. Memorias de Batman.

13 de septiembre de 2008

Mercadotecnia


Interior. Cafetería. Museo.
Un padre y un hijo sentados frente a frente, en una mesa cuadrada de bar. No hablan. Ensimismados cada uno con el juego de sus móviles.

Decía P. hace un par de semanas, que esto de traer la cultura al pueblo es una gran idiotez. Viendo la masificación turística de algunos museos, tiendo a estar de acuerdo con él.
El problema es que lo que no pasa por el aro de la mercadotecnia, parecería no servir. Todo aquello que no pueda convertirse en mercancía inmediata, pierde interés.
Es aquí dónde se insertaría el concepto (actual) del espectáculo. “Arquitectura espectáculo”, “rodaje espectáculo”, “escritor espectáculo”. Dónde el mismo relato sobre la “cosa”, se convertiría en mercancía en si mismo. No se trataría ya de negar el referente (propio de la era digital), sino en un negocio global que incluye no solo la “cosa” sino el discurso sobre la cosa en todas sus vertientes (mercadotecnia).

En cuánto al padre y al hijo. La mujer se suma más tarde a la mesa. Al verla, comprendí que puede que yo también me hubiera refugiado en mi móvil.

El mentón

Exteriores. Atardecer. Sentados al borde de la piscina, los piés en el agua.
I. me pregunta mi opinión sobre J., con quién coincidí en el desayuno, esa misma mañana. Me encojo de hombros, evitando dar lacerante opinión. "Aquí, nadie dice lo que piensa", espolea ella. Echo mano al libro que me acompaña, y citándo, leo: "(...) despertaba ese incomparable rencor que sólo causan la inteligencia, la gracia y la pedantería francesas" [Jorge Luis Borges]. Ella ríe su risa inteligente, confirmando mi opinión. Hago ademán de levantar mi rostro hacia arriba, dejando la nuez expuesta, el mentón a 120 grados del eje del cuello... y agrego ya sin piedad, fruto de mi propia cosecha: "lo que me fascina es ver el gesto, el gesto de la soberbia, más alla de lo que se dice, el movimiento del mentón, la mirada siempre por encima de su interlocutor, inquieta, como queriendo mostrar, a fuerza de practicarlo infinitamente, una mente convulsa de inteligentes pensamientos que se quieren abrir paso". "Eso se aprende", dice ella, "se lo enseñan desde chicos en sus liceos exclusivos, luego hasta se lo creen" (y dicho por ella -excelente y sincera artista- se convierte en una verdad inapelable). Le confieso que me gustaría rodar un hombre así. Quedaría escracheado ante la cámara. El ángulo, un momento más abajo que su mirada, sin llegar a contrapicado. No importa lo que diga, sería irrelevante. Por lo pronto, mañana, seguiré disfrutando de su estudio al natural. El estudio del gesto. El gesto de la soberbia.

10 de septiembre de 2008

Aragón


Llegar a una ciudad de provincias y encontrarse con al iglesia cerrada. Fiestas regionales. Tras algunas preguntas, entender que nadie sabe cuándo la abrirán. Dar unas vueltas. El cansancio aprieta. Meterse en un café. Ante la recurrente pregunta sobre los horarios de visita de la iglesia, la sorpresa: El hombre que se encuentra sentado en la próxima mesa, matando el tiempo con cuatro amigos jugando a las barajas, es el responsable de las llaves del templo. Y así, una vez más, termino tranquilamente mi café, mientras ojeo el Heraldo, en busca de los guiños de Juan D. Se convierte así en un casual juego, ejercicio singular que me hace sentir extrañamente en casa. Minutos después, me encuentro disfrutando, frente a frente, con las pechinas de Goya.
[Salí esta mañana de Fuendetodos. Carreteando lentamente, por caminos secundarios. Me pregunto que será de esos pequeños pueblos de Aragón cuándo la gente mayor desaparezca].

6 de septiembre de 2008

Alegoría de la Fortuna

La fortuna con los ojos vendados, repartiendo alhajas, casi desnuda, haciendo dudoso equilibrio sobre un globo azul, sostenida por un pié. A la derecha del cuadro, alguien toca un cuerno desesperadamente, con una mano se tapa un oído, con la otra sostiene el improvisado instrumento. Una mujer con una lanza, de espaldas a la escena... desolada...

10 de agosto de 2008

Un instante

Solo hace falta un pequeño desgarro en la frágil superficie urbana para ver el salvaje entramado sobre el que se sustenta (¿o se oculta?). Es como si levantásemos la tapa de una alcantarilla de una importante y majestuosa avenida, manifestándose ante nosotros la imagen de las ratas correteando entre las cloacas.

30 de julio de 2008

Notas encontradas entre papeles olvidados... (I)

Engañaré mi propia tristeza, no responderé a sus llamadas, ni a sus mensajes, jugaré con la cara de poker de quien magnánimamente da el tiempo solicitado, creyendo estar olvidándome, no haré nada, no diré nada, lo intentaré, juro que lo intentaré, intentaré engañar mi propia tristeza... y lo lograré. Para mi desgracia...

6 de julio de 2008

Echadlos de la ciudad

Es triste ver periodistas convertidos en meros portavoces de instituciones públicas, gobiernos, fuerzas policiales. Lo que en su momento llevaba el orgulloso mote de "cuarto poder" -tumbaba gobiernos, era látigo y terror de políticos corruptos-, hoy no es más que de un hatajo de chupatintas y lameculos, temerosos de perder su silla.

15 de junio de 2008

Jerusalén-Tel Aviv


Subo al coche. Sábado por la mañana. La ruta vacía. Buena música en la radio. Jerusalén va desapareciendo a mis espaldas. Enfilo hacia el Mediterráneo. El nudo en la garganta. La despedida de acontecimientos intensos. Un universo que se abre. Una confianza que se establece. Presto atención a la velocidad. Aminoro hasta plantarme en los cien reglamentarios. La mañana, la música, una ruta vacía, invitan peligrosamente a acelerar, un coche que se desboca como potro con deseos de correr.
A mis costados, a los lados de la carretera, murallas, a manera de estético pasillo. Cuándo llego a Tel Aviv, tan solo cuarenta minutos después de haber puesto en marcha el coche, me apabulla el abismo. Los universos irreconciliables. Es como si la ruta misma fuese un pasadizo secreto que va preparando el cuerpo y la vista en ese pasaje entre oriente y occidente.
(más tarde se me ocurriría que el muro es algo así como decir "no sabemos que hacer con esto ni como solucionarlo y mientras tanto lo mejor es no verlo. No queremos verlo. Se tapa, y nos olvidamos").

8 de junio de 2008

Jerusalén, nuevamente


Llevo ya días por estos lares. No son nuevos...
La semana pasada toca recorrido por Jerusalén Este. Un entramado urbano -sí es que a esa desorganización de calles, casas e infrastructuras se puede denominar urbano- en contraste con lo que pasa en occidente, es decir, al otro lado de la calle. A veces ni siquiera eso, se trata del vecino. La desidia, la venganza del vencedor.
Días después toca cena con un intelectual palestino. Sus argumentos son más el producto de una ilusión que el reflejo de la realidad. Un problema que arrastran los palestinos, mil veces engañados por sus "hermanos", desde hace décadas. Sin pragmatismo, no hay paz posible.
Inocentemente, apunto una modesta propuesta: que ambas partes, a pesar de la oposición de las propias masas, renuncien a sus líneas máximas, hagan verdaderas concesiones dolorosas. En un día histórico, los israelíes declararían su renuncia a la soberanía sobre aquella alucinada Jerusalén indivisible. Y los palestinos, al derecho al retorno de los refugiados. Ambas posiciones, el intento de Israel de no negociar sobre Jerusalén, y la inviable pretensión de los palestinos al retorno de los refugiados al actual Israel, son dos aspiraciones imposibles. No habrá negociación alguna, paz en el horizonte, si los pueblos no asumen que el precio hay que pagarlo, con moneda fuerte. Negociar exige renuncia, y un liderazgo fuerte frente a sus propias filas.

(esto no significaría, ni mucho menos, que los israelíes no puedan acceder al este de Jerusalén ni que los refugiados no obtengan acordes indemnizaciones).

Jerusalén, nuevamente

26 de mayo de 2008

Desguace


Integridad, dignidad, coherencia, rectitud, son valores en desuso.
La severidad en el conocimiento se ha convertido en una molestia.
Quién aboga por la rigurosidad de lo que se hace, no es más que un aguafiestas.
La calle se ha convertido en un circo.
Quién engaña, recibe el premio.
Ya no se toman, y menos aún se exigen, responsabilidades.
Mientras la fiesta funcione, ¿a quién le importa la verdad o el honor?

(de Conversaciones oídas en un viaje subterráneo)

19 de mayo de 2008

Desguace

Integridad, dignidad, coherencia, rectitud, son valores en desuso. La severidad en el conocimiento se ha convertido en una molestia. Quién aboga por la rigurosidad de lo que se hace, no es más que un aguafiestas. La calle se ha convertido en un circo. Quién engaña recibe el premio. Ya no se toman (y menos se exigen) responsabilidades. Mientras la fiesta funcione, ¿a quién le importa la verdad o el honor?

(Y hay geografías, dónde esto, todavía es tristemente, más evidente, más cotidiano -cuándo la culpa la tiene siempre el otro, cuándo la autocrítica es un término desterrado-…)

26 de febrero de 2008

Mesa compartida


Mesa compartida. Noche. Permanezco en silencio, testigo transparente, ante estos casuales compañeros de comida. Tres académicos extranjeros. Edad mediana dos de ellos, jovén el tercero. Mucho ruido. Mucho aire. "Como follarse a una mosca", diría una conocida francesa. Oyéndolos, sospecho la decadencia, el declive, una cultura a punto de caer al abismo.

19 de febrero de 2008

Había una vez...

El lugar era muy jerárquico.
Estaban los que ganaban mucho. Los que ganaban más o menos. Y los que ganaban poco. Los que ganaban mucho se dignaban a hablar con los que ganaban más o menos, pero nunca con los que ganaban poco. Estos últimos existían gracias a la "bondad" de los primeros. Eran ellos quienes, con su buen talante, cultura y tolerancia, invitaban a los que ganaban poco a ganar un poco más de poco.
Sin embargo, los que ganaban poco sabían que eran la excusa para que los que ganaban mucho siguieran ganando mucho. Lo sabían, pero no servía más que para amargarse.

10 de febrero de 2008

Post Aclaratorio

Hace unos días. Café céntrico de Madrid. Vecino de mesa. Saludos e incipiente conversación. Es artista. Inminencia de Arco, se entiende. Se presenta. Hablamos un poco. Me pregunta de "mi tierra" (¿cuál de todas?, me pregunto en silencio). Qué si voy, que si no voy. El chico es ex vecino del norte. Le digo la verdad, que voy, y que a la vez no voy. Y que a excepción de un par de presentaciones, me es difícil organizarme allí, puesto que ya han pasado muchos años desde que me fui. "No hay que olvidar tus raíces", sentencia, más cercano a una comisión de restauración nacional que a un creador. Divertido -todo lo que huela a nacionalismo rancio me "echa pa' tras"- le pregunto: "¿Cuándo me miras que ves: una planta o una persona?"

[En cuánto a mi post anterior, nunca he recibido tantas visitas. De por sí, da cuenta de la sensibilidad del asunto. También me han escrito varios emails. Algunos me acusan de nacionalista (¿nacionalista yo?); otros de anti-nacionalista (del nacionalismo rancio y excluyente sí); también se me exije que crítique las operaciones israelíes en los territorios ocupados (ya lo he hecho en el pasado); alguién hasta me exigió que exija a su vez a la comunidad judía americana de posicionarse en relación a lo que sucede en Gaza (¿¡!?)... Casi todos los argumentos críticos eran extra -textuales, es decir, cosas que el lector creía leer más allá de lo allí escrito. Me estaba refiriendo a un hecho concreto, de un barrio concreto y de un 'momentum' concreto. Irresponsable es extrapolar, de lo allí dicho, cuál es mi posición respecto a todo los conflictos del mundo. Había acentuado también en el artículo, que cuándo hablaba del mentado documental, no me estaba refiriendo a la obra en sí, sino la publicidad que de ella se hacía. O sea, que estaba hablando, para decirlo con palabras más simples al lector, de la manipulación que se hace de la información, aún en ámbitos en los cuáles se esperaría una mayor complejidad. He escrito además que la misma acción terrorista, la de la joven palestina en un supermercado, de haberse llevado a cabo en contra de una base militar, podría ser considerada como resistencia a la ocupación. ¿Acaso queréis posición más progresista que esa? Es más que lo que los mismos que me criticaron, condescendientes con sus impuestos de las acciones de la ocupación, podrían decir en voz alta. En ningún momento insinué siquiera que haya que deportar a nadie. Estaba, y estoy preocupado por un fenómeno que existe, y que se tiene que abordar. Pero nunca, vaya esta aclaración por delante, nunca, de la manera en que Rajoy y sus ideólogos proponen. Eso no es abordar, sino abortar.
Soy de los que consideran -bicho molesto, lo asumo- que no hay que temer al debate sobre ningún tema, mientras sepamos y acordemos cuáles son sus límites: el respeto al otro, el diálogo, la visión compleja, la rigurosidad intelectual, la entereza ética, la búsqueda de la paz y la justicia. No puedo ser responsable de las malas interpretaciones que de mis textos se hacen, y menos aún, de las vestimentas que se me asumen, y que jamás me he puesto.].

25 de enero de 2008

De Visita

Regreso el fin de semana de visita a casa. Al Raval de Barcelona. Vivo aquí hace ya dos lustros y, sea sugestionado por los acontecimientos o no, encuentro un barrio distinto.

Desconfianza en la mirada, sensación de muro que aísla. Lugar dónde voy, sea el mercado o el quiosco de periódicos, el enojo hacia la comunidad paquistaní se manifiesta.

En Plaça St. Jaume veo una concentración organizada por CCOO en favor del derecho a la reagrupación familiar de los trabajadores extranjeros. En su mayoría, presentes, latinoamericanos. Minutos después, un grupo de mujeres paquistaníes sube por calle Princesa rumbo a la manifestación, portando carteles a favor de ese derecho.

Pienso que me gustaría, si bien no exigir, pero sí solicitar a este grupo de vecinos del barrio que se movilicen de manera inequívoca en contra del terrorismo islámico. Sería una manera de ayudar a restituir la paz. Los argumentos salidos de sus organizaciones de representación oficiales no me dejan tranquilo. No condenan, se ocultan tras una retórica de tibio rechazo.
Cuándo lo de las "caricaturas", ahora olvidado, un reputado periodista me comento, café de por medio, lo que en su radio no iba a decir, por miedo a ser tachado de "facha" : que lo más preocupante de la situación ya no era el ataque abierto y descarado a los valores que los europeos tanto lucharon por conseguir, sino el hecho que ningún intelectual musulmán, ciudadano del continente, haya realizado un llamamiento claro y preciso de condena de la violencia.
El fenómeno es realmente serio. Y es una pena que políticos e intelectuales, afectados por un falso y peligroso fenómeno de avestruz (o lo que es lo mismo, de lo "políticamente correcto") no estén dispuestos a fomentar un debate civilizado y ausente de violencia. Un debate dónde se intente sentar las bases de una convivencia real, efectiva y el compromiso de esos grupos inmigrantes de rechazar de plano a los elementos extremistas. No hay motivo alguno para contemporizar con este fenómeno terrorista.

Tristemente sorprendido quede también el fin de semana al oír las imbéciles palabras de un antigüo compañero de universidad que intentaba defender, con simpatía, a estos "preciados antisistema defensores de la libertad". Triste ver cuán idiota puede ser la gente que nos rodea. Falto de pensamiento complejo, primitivo nacionalista de vomitivo discurso, parásito de administración. Y el problema es que estos heroicos cobardes, cuándo las bombas comienzan a estallar, son los primeros que secretamente, apoyan la construcción del muro.

Es por todo esto que me gustaría ver una manifestación protagonizada por la comunidad paquistaní de mi barrio, que buena organización han demostrado tener a la hora de salir a defender otras reclamaciones. Quisiera verlos serios, en la calle, declarando un unánime rechazo a esa bombas genocidas, racistas, que no discriminan, que no tienen objetivo alguno.
Es lo mismo que se le exige, por mucho menos, a cualquier partido nacionalista vasco.

Y si hace falto aclararlo, no soy "facha", ni siquiera de derechas. Pero estoy harto ya de tanto posmodernismo-falso-progre-políticamente-correcto dónde todo vale igual. No señores, hay narrativas mejores que otras, y ni los asesinos, ni las víctimas, son todas iguales. Que una cosa es ir en metro tranquilamente y volar por los aires, y otra muy distinta es comerte una ostia por terrorista.

(esto último viene justamente a colación de una publicidad que recibí sobre la proyección de un documental de una directora israelí, "Morir en Jerusalén", que narra el encuentro entre dos madres, la de la terrorista que decide volarse por los aires en un supemercado de Jerusalén, y la de la víctima, que casualmente, tuvo la mala suerte de pasar por allí. Ambas mujeres, ambas de edad similar. ¿Y qué? ¿Estamos todos locos? También el torturador de la Escuela de Mecánica de la Armada de Buenos Aires tenía la misma edad que su víctima, y tal vez, era moreno o rubio como él, y todavía hay más similitud: ambos eran argentinos. ¿Eso los hace éticamente similares? No he visto el documental. Me estoy basando solamente en la publicidad que se me ha hecho llegar sobre el. Y sobre ella me pronuncio. Es muy "progre" pensar que ambas son víctimas. No señor. Hay una señorita que fue por un momento al supermercado a comprar víveres, y hay una fanática que ha decido volar por los aires matando a las personas que allí estaban. Y esto, no tiene punto de comparación ética. Se intenta aquí extrapolar la narrativa, mil veces contada, del "recluta francés y el alemán, ambos trístemente enfrentados en trincheras de la Primer Guerra Mundial, sirviendo a poderes que los explotaban". En este caso sí, podemos hablar de dos víctimas inocentes de una situación dada. Pero también aquí, rizando el rizo, habría que ver hasta que punto se trataría de dos víctimas... pero vamos, que no lo complicaré. Lo que sí me parece inadmisible, es que con estas ansias de contarnos cuentos, y de vendernos historias, nos vengan a contar ahora esta imbecilidad que "contrastant la vida i la mort de les dues noies, el documental ofereix una perspectiva personal del conflicte que freqüentment queda eclipsada per consideracions polítiques". Si justamente de esto se trataría nuestra existencia: de consideraciones políticas (y éticas). Que si la señorita quería hacerse trizas a favor del honor familiar y nacional, me parece irreprochable, pero que se vaya a un terrono baldío y allí se haga "click", o se haga estallar en una base militar, esto hasta se podría denominar como "resistencia a la ocupación"... Pero que no mate a civiles inocentes... que eso es terrorismo, y merece la condena más enérgica que se pueda darle, y por favor, señores distribuidores, dejar de escribir basura para cazar incautos, que al final les explotará en el rostro, aunque esto signifique dejar de "mamar del bote").

24 de enero de 2008

Aeropuertos [1]

Aeropuerto nuevamente. Me pierdo en busca de mi vuelo. Hay tiempo, a pesar de la enormidad de la T4. Al final de una cinta transportadora, veo avanzar a J. Cálidos abrazos, cinco minutos para ponernos al tanto del acontecer en los últimos meses. Hablamos de Goya, de Benjamin, de Jerusalén... Viajo a Barcelona, vuelo relámpago. Reuniones esperadas, encuentros con gente respetada. El camino que se invierte. A bocajarro, él pregunta, "¿Cómo era Goya?" Calculo mi ignorancia mientras me viene a la memoria una anécdota similar, hace ya cuatro años. Me encontraba en Alemania. Primer encuentro con A., tutor y profesor. Le relato mi historia sobre Benjamin. En un momento dado, entre irónico y media sonrisa, dice: "corta el rollo. ¿Cómo era su vida sexual?" Me tomo un momento, organizo lo que sé, y sin amedrentarme, me explayo convenientemente. Se ríe francamente. "Esta bien, sólo quería calibrar hasta cuánto conocías el personaje".
Pero ahora con J. no me arriesgo. No ahora, y menos en dos minutos de pasillo aeropuertario.

30 de diciembre de 2007

Feliz Año Nuevo


Buscaba en mi libreta una nota relacionada a esta fiestas que estaba convencido haber escrito... pero parece que sólo lo imagine. En todo caso, y ya sea para no quedarme con las manos vacías, fui a dar con esta otra, escrita hace un mes, más o menos...

Estoy en Museo del Prado.
Frente a mí, Los Amantes de Teruel de Muñoz Degrain. A mis espaldas, el terrible Fusilamiento de Torrijos, de Gisbert Pérez. Este cuadro lo he visto varias veces en reproducciones, pero nunca me imagine lo impresionante que podía ser en toda su extensión. En todo caso, y ya sea para sustraerme momentáneamente de tan terrible visión antes de volver a mirarla, estoy, como ya dije, de espaldas al cuadro. Un momento de descanso.
Frente a mi, los Amantes... Es el final de una de esas jornadas intensas dónde se quiere acaparar todo antes de de finalizar el día.

A mi lado, también sentados, un hombre y una mujer de unos cincuenta años.
Ella - dirigiéndose a su acompañante - ¿Sabes lo que me dijeron el otro día?
Él - irónico y un tanto cansado - ¿Cómo podría saberlo?
Ella - Qué Europa esta comprada por los chinos...
Él - Qué dices mujer, ¡eso no puede ser!
Ella - insistente - Que te digo que sí... ni los árabes ni ostias, ¡los chinos!
Él absorto, permanece en silencio.
Ella - categórica, volviendo a la carga, como iluminada por la confirmación - ¿No ves que ya no tenemos industria? Ayer mismo me compre un par de zapatos tan buenos como los españoles por tan solo 20 euros.
Él - ¡Pero qué dices Maria!, ¿20 euros?
Ella - Te juro de verdad, sólo 20 euros y tan buenos como los nuestros...
Él - Pues bien jodidos estamos...
Es lo último que oigo, pues ya están levantándose, y yo me quedo, sin oir más, sentado frente a los Amantes de Teruel, con los Fusilamientos a mis espaldas, y el Toro Mariposa sobrevolando dos plantas más arriba...

16 de diciembre de 2007

De chironas y propinas


Días atrás me despierto angustiado tras un sueño convulso: debía pasar una corta temporada en prisión pero desconociendo las razones, sin saber las causas que me llevaron a tal castigo, que sin embargo, las intuía de índole menor. Desasosiego. Si uno dejaría campar a sus anchas sus propias fobias, ya no saldría a la calle. Miedo a que te metan en chirona por cualquier cosa.
¡Y son tantas las cosas que seguramente hacemos sin siquiera tener la mínima sospecha de su reciente ilegalización!
Qué si sonreímos a un niño, qué si la colega se hace un aborto, qué si le decimos a una compañera de trabajo que es guapa, qué si le decimos al vecino qué es lo qué es... los gobiernos parecen haberse convertido en administradores de la vida de los ciudadanos, tal si de adolescentes en plena escolarización se tratase. Un paternalismo infantil, falto de respeto, que viene a encubrir lo que no pueden o no están dispuesto a hacer.
Y esto debería ser, ante todo y sin tanta parafernalia de buen rollito, velar por la libertad y la dignidad de los habitantes del territorio frente a una economía que se desboca, y unas organizaciones cada vez más corporativistas.

[Sin ir más lejos, ayer mismo nuestro ministro de Economía nos sorprendía con un brillante análisis que viene a explicar el motivo de la inflación: las propinas. Sí señor, si ustedes no los saben, la culpa es nuevamente de los ignorantes ciudadanos que no hemos interiorizado el valor del euro. ¡Cómo si se necesitaría ser muy docto para saber lo que cualquier vecino de cualquier localidad experimenta día a día! El dinero, simplemente, no alcanza, y la inflación señor ministro, no se dispara por las pequeñas propinas que deja el promedio de españoles... ¡las cosas que hay que oír! Y ya para concluir: un amigo hace unos años me pregunto, ¿sabes lo que es el euro para España? Pues bien, me contesta, cobrar en pesetas y pagar en marcos alemanes]

18 de noviembre de 2007

Negativos

Encuentro negativos sin positivar.
Diez años atrás.
Otros rostros, otras mujeres, otras geografías.
Testimonio que no cesa, agazapado en el olvido. Embate de nostalgia.
¿Y ahora qué?
El tiempo que transcurre...
Diez minutos y ya está.
Me visto, y salgo.