24 de agosto de 2006

Historias de Gabriel I


Gabriel me llama para anunciarme solemnemente que llego el momento de tomar conciencia de su situación. Sé que cae en la tentación de decir "condición proletaria", pero se inhibe, tal vez movido por la certera sonrisa, que aún sin verme, podría adivinar que se dibujaría en mi rostro. ¿Cómo es eso de qué te tienes que hacer cargo de tu condición?, pregunto, acostumbrado a las proclamas repentinas de Gabriel. Pues eso, que llego la hora de decir eso, que no somos ni esto ni lo otro, sino simples paletas que se creen pijos artistas. Hombre, tampoco exageres, intento sin éxito levantarle el ánimo. A ver Mauas, ¿y tu de qué vives? ¿o me vas a decir que esto de hacer películas no es ser un pringado que depende de los otros? (silencio) (silencio). Bueno tío, tampoco te ofendas. No, que no me ofendo, le digo, ni mucho menos, pero ahora no vengas a decir que somos unos pringados... ¿y la serie que estabas escribiendo?, pregunto en un intento de entender a qué viene tanta "conciencia de clase". El cabrón del productor desapareció sin pagar, ¿lo puedes creer? dice retóricamente, cómo si todavía me podría sorprender algo. ¡Vaya putada!, digo, por decir algo, puesto que no sé qué decir, y el teléfono es eso, decir algo, pues no vale sólo la mirada, ni el silencio... Entonces, ¿qué vas hacer?, pregunto, tan siquiera por escapar del ruido de fondo electrónico. No sé, No sé, contesta cómo pensando para él, pero algo debería hacer... Es una putada, pienso, la movida venía bien. Es una putada, repito en voz alta. Sí, es una putada, oigo que me contesta como un eco. ¿Quedamos mañana para una birra?, propongo, Vale, quedamos. A las ocho en el gato, concreto. Mañana entonces, nos vemos, cierra él. Fins arà, concluyo.

8 de agosto de 2006

Sin Titulo I


"¿Qué hace el lobo cuando la loba y los lobeznos tienen hambre y están con la panza vacía, lamentándose y peléandose entre sí? ¿Qué hace el lobo? Yo digo que el lobo sale de su guarida y va en busca de algo que comer y, acaso, por la desesperación, baja al pueblo y entra en una casa. Y los campesinos que lo matan tiene razón al matarlo; pero también él tiene razón al entrar en sus casas y morderles. Así todos tienen razón y nadie está equivocado; y de la razón nace la muerte"
Cuentos Romanos II, Alberto Moravia

5 de agosto de 2006

Oriente Medio I (o a la deriva...)



[imagen: Jerusalén, 1997]
Hace semanas que, desde que comenzó este nuevo capítulo de este antiguo conflicto de Oriente Medio, intento organizar mis pensamientos. Quisiera poder tener una visión clara de lo que debería ser. Me afano en esto. Leo prensa de distintos países, veo noticias de distintas cadenas, hablo con amigos que lo viven de cerca. Pero nada. Cada día me encuentra, si bien no más confuso, sí con la incertidumbre de qué es necesario hacer primero. Son muchos los elementos que se mezclan, que bailan en esta danza macabra de telediario. Mi enojo, mi indignación, se reparten por igual. La ineptitud y la soberbia del gobierno israelí; la brutalidad de los líderes árabes que siguen negando el derecho de un país a existir; la cobardía de los movimientos integristas, que entre atentados suicidas y katiushas desde casas privadas, incendian constantemente la zona; la preocupante y desvergonzada candidez de la prensa y la mal llamada "izquierda europea" (Israel "mata", los israelíes "mueren". El Ejercito hebreo "asesina", un ataque de Hezbollah "se cobra la vida", etc...); la triste pasividad de todos los pueblos involucrados...
Mientras tanto, la quinta parte de los libaneses se han convertido en refugiados, al igual que un número incalculable de israelíes.
Son los pueblos los que deberían hacer el esfuerzo de expeler de su seno, sin piedad alguna, a todos los elementos desequilibrantes. Son los propios habitantes los que deberían echar a patadas en el culo a todos los vecinos dispuestos a provocar. Somos cada uno de nosotros, estemos dónde estemos, quienes tenemos la responsabilidad de expulsar a todos los cobardes "matterazies" o bravucones "zidanes".
Hasta que no se asuma esto, la lista de agravios y reclamos no hará más que alargarse...
C. me contaba que en el pueblo de su abuela, alli por el sur de Francia, hay dos casas que pertenecen a dos hijos de una misma familia. Ellos a su vez tiene familia, hijos, nueras. Entre las dos ramas familiares no se hablan. Se odian. Pero la verdad es que ya nadie recuerda el motivo original de la pelea...