24 de abril de 2007

Notas del cuaderno negro II (o Metonimias)


viernes 2 de marzo de 2007

Aeropuerto. A unos metros de mi mesa, un grupo de personas discuten acalorada y agriamente sobre el traslado de De Juana. Oigo argumentos aberrantes, tergiversados, violentos. Razonamientos que parecerían sostener un algo porcentaje de la población. Solo en circunstancias casuales como una espera en un aeropuerto, la visita al bar del barrio, la cola para comprar el pan, parecería tener uno la oportunidad de oir al otro. Puede que el autismo tenga algo que ver con rodearse solamente de pares, de gente que, matiz aquí, matiz allí, siempre parecería pensar como nosotros, confundiéndose la parte por el todo.

23 de abril de 2007

Notas del Cuaderno Negro I


Encuentro las siguientes notas escritas a finales de febrero (las transcribo así, en orden cronólogico e inconexas):

Que rápido nos acostumbramos a todo... Veo que el tabaco se vende en las confiterías y cafés, como parte de su oferta normal. La gente fuma en la cola del cine o en un hall de una importante institución cultural, mientras espera su turno para entrar en una conferencia. Al principio no comprendo que es lo que me llama tanto la atención. Sensación tercermundista (falsa, se entiende). Preocupa lo rápido que podríamos acostumbrarnos a los tiempos y a sus leyes...

A. me comenta que en el siglo XVIII el chocolate era altamente adictivo, y se utilzaba, en sus debidad proporciones, como una droga (habría que verificarlo).

La ciudad en Benjamin como hogar e infierno del hombre moderno.

El flaneur se convierte en comprador.

Los Shoppings (los centros comerciales) no son exactamente Passages.

Aura: experiencia, relación en el tiempo. La patina del tiempo, y no se trataría solo en obras de arte.

¿Existirá un avión dónde la tripulación no hable por los altavoces? (¿un vuelo para iniciados?)

Agnóstico y ateo, tuvo sin embargo un último momento de pudor. Se puso firme y aguanto el final. Por si acaso.

Honra, honor, palabra y respeto...
Integridad.

3 de abril de 2007

Fiestas

La confianza da asco, repetía mi tío, una y otra vez pasada la tercer copa de la cena. Como todos los años nos reuníamos. Como probablemente todas las familias en las mismas fechas. Aburridos ya de vernos, impelidos por una inercia milenaria de la cuál nadie parecería tener la fuerza de librarse, nos juntábamos alrededor de la mesa con la consigna de beber y comer. Dos veces al año. Mi tío, esto lo supe años después, amenazaba tras cada encuentro con no volver a repetirlo, decía qué prefería quedarse en casa, solo como un perro, pero feliz. No soportaba la mal educada changa que caía de unos a otros, alternadamente, cuál chivo expiatorio que llena el silencio que sin duda sobrevendría. En realidad, nada tenían que decirse, y mientras nosotros, los niños, desarmábamos los roperos de los abuelos jugando al escondite, los adultos esperaban el ansiado momento de decirse adios.