
Sorprende, cómo mínimo. A lo largo y a lo ancho de Catalunya hay ciudadanos convencidos que el "nou estatut" es la solución a todos sus problemas existenciales. Da cuenta de la simbología del asunto. Un rosario de frases responsables de resolver problemas tan diversos y complejos cómo la educación, los servicios médicos, la seguridad, el fortalecimiento de la lengua, la corrupción... El problema de lo simbólico es eso, su propio peso como emblema, su fantasía. Hace unos días R. decía que los vascos "tenían más cojones, por lo menos ellos se enfrentaban a los españoles". Paso seguido comenzo con la retahíla de argumentos históricos, repetidos hasta el hartazgo, con idénticas palabras, por cada uno de los de su generación. Da cuenta del adoctrinamiento. A fuerza de repetirnos un lema, terminaríamos por creerlo. Todos los problemas de Catalunya son culpa de España y se terminarán cuándo sea independiente, o cómo mínimo, con el "nou estatut". La impuntualidad de Renfe (en Madrid tienen mejores trenes), los problemas de El Prat (el de Barajas es mejor), el de los robos a chales (no hay recursos para policías puesto que Madrid se queda con todo), el de la inmigración (si aquí no prospera el estatut es por culpa de los inmigrantes castellano parlantes que no ven como suyo el pais). Pobre Catalunya y qué desdichados sus habitantes si todos sus conflictos se podrían resolver con este u otro reglamento. Al final, tristemente, detrás de lo simbólico (inocentes e ignorantes ciudadanos que alzan sus banderas), no hay más que una única narrativa: el determinar quién robara dónde y quién explotara a quién. Nosotros, humildes habitantes, no veremos más que las migajas del banquete, en beneficio de nuestro silencio y voto.