4 de junio de 2009

La cuadrícula

Por la mañana, temprano, encuentro con J. Un café en la mitad de la semana, para que no pasen los días sin vernos. Me cuenta que esta escribiendo, bastante, de todo, relatos, cuentos infantiles, lo que venga... es decir, lo que soliciten en los concursos. A falta de trabajo, prueba suerte con los certámenes literarios... ecos de Bolaño.
Hablamos de la crisis, omnipresente, ya tocando nuestros propios, y siempre inestables, bolsillos.
Me atrevo a esbozar el principio de lo que podría ser una idea, pero no es más que una intuición, y es la siguiente: que podríamos rastrear los orígenes de esta crisis en el lenguaje, en el arte. Decenios de dictadura posmoderna, tan trendy en mi juventud de estudiante, vaciando de contenido el centro mismo de la cultura. Con J. recordábamos el día en que, harto del hueco discurso de un profesor, yo le espetó que sus teorías posmodernas, aunque en apariencia de izquierdas y progres, no eran más que el caballo troyano de un capitalismo salvaje. Se lo dije así, con esas palabras. El hombre me mira, horrorizado por mi irreverencia. Yo sabía que me estaba arruinando el promedio de notas. Lo sabía. Pero no me importaba. Me aburría y me irritaba soberanamente... además, ya intuía que la universidad no era lo mío. Otro atajo de acomodados con sueldo fijo y seguro que para entender el "ritmo en la narrativa audiovisual" se habían inventado un sistema (una cuadrícula) de medición del movimiento en la pantalla.
Sí, una cuadrícula...