Encuentro negativos sin positivar.
Diez años atrás.
Otros rostros, otras mujeres, otras geografías.
Testimonio que no cesa, agazapado en el olvido. Embate de nostalgia.
¿Y ahora qué?
El tiempo que transcurre...
Diez minutos y ya está.
Me visto, y salgo.
18 de noviembre de 2007
17 de noviembre de 2007
Derechos de autor

Ya de regreso en Barcelona. Compro un libro de Mia Grondhal, The Dream of Jerusalem. Quedan cuarenta minutos para encontrarme con A. Hago tiempo entrando en la primer librería que encuentro. Un establecimiento grande, de dos plantas, mucho más surtido que el anterior. Por instinto, o simplemente inercia, me acerco a la sección de filosofía a ver que novedades nos deparan nuestros amigos benjaminianos.
Un estante lleno de nuevas ediciones...
No dejo de sonreír ante el recuerdo de mis comienzos: la dificultad de encontrar obras dignas con traducciones fiables.
Imposibles también eran Arendt, Steiner, y todos aquellos tan citados hoy en día.
Es como si España, se estuviera finalmente abriendo al mundo, o si los Pirineos se dividiesen como las aguas del Mar Rojo.
Esto es tan solo una observación mística, lo sé.
Podríamos hacer una de índole práctico, materialista: tomando en consideración que esta explosión benjaminiana sucede en todas los idiomas, me pregunto si no tendrá algo que ver con el paso a dominio público de sus obras, en tan solo tres años desde ahora. En el fondo, todo se reduce tristemente a merchandising.
El conocimiento, como tal, cada día es un valor más erosionado.
Esto me llevaría a otra historia, relacionadas a los derechos de autor de Walter Benjamin... aunque prometí no hablar de esto, y así será.
4 de noviembre de 2007
Redemption stories (o el sindrome de Jerusalen)

La esperada y definitoria reunión pasa con éxito. Hombres y mujeres curiosos y deseosos de cuidar la imagen de su propio quehacer. Sensación de alivio. Ratificación de continuidad. Esperado regreso.
Más tarde me llama M. Su puesto permite ver el acontecimiento desde perspectivas insospechadas. No está ni adentro ni afuera, pero sí encargado de su envoltorio. De su funcionalidad. Su movimiento. Dice que no es casualidad que ambos proyectos hayan sido aprobados el mismo día, tras largas deliberaciones. Ambos tienen en común la fijación en el tiempo. Uno en la imagen, otro en el espacio. Me explica que es un hecho histórico: que en estos quince años nunca había sucedido algo igual. Evidentemente, algo está pasando. La distancia del tiempo permite mirar el pasado sin complejos, con reticencias sí, pero aceptando también sus pecados.
Estoy contento. Agradecido. Cansado.
A falta de acompañante, me planto en la barra de un bar a tomarme una cerveza.
A dos butacas, L. (su nombre lo conocería al final de la conversación). Otrora bella, su rostro castigado por los años todavía conserva la mirada momentáneamente lúcida, anterior al desvarío. Jerusalén es para ella un lugar de redención. "Redemption". Americana de origen, historia de amor fracasada de por medio, búsqueda de sentido y ya esta explicándome la diferencia entre Tel Aviv y Jerusalén. La ciudad mediterránea, dice, es una ciudad de perros; la continental, de gatos (qué hermosos gatos pululan por las calles de Jerusalén, nunca he visto gatos similares en lugar alguno). El problema de Jerusalén, su energía, santidad y desvarío violento tendría algo que ver con el quiebre geológico sobre el que se emplaza, a la espera constante del terremoto (es verdad que tanto los árabes como los judíos se olvidan de este "pequeño" detalle: según muchos estudios, el próximo terremoto podría ser devastador). Dice que los árabes y los judíos se pelean como hermanos de una misma familia... que cuándo crezcan, dejarán de agredirse. Olvidaran el motivo de la contienda, o simplemente se harán inteligentemente más realistas.
Redemption stories... regresando a mi alojamiento, tome conciencia que la mía, esa historia tan compleja que intento relatar, comienza justamente, ciento treinta años atrás, con un grupo de personas en busca de la redención...
Oriente Medio
Estoy en Jerusalén. Sábado. Barra de un bar con conexión a internet. Branch. Ordenador abierto. A medio metro, a mi derecha, un joven con aspecto extranjero, habla inglés. Pasadas un par de horas dónde cada uno esta metido en su trabajo, y con una tonta excusa, comienza la conversación. Es periodista, está en Jerusalén hace unos tres meses tras haber pasado los últimos años cubriendo el mundo árabe: Egipto, Jordania, Libano, Siria. Declara no tener, a priori, simpatías por el lado israelí. Escribe para un periódico europeo. No habla hebreo, tampoco árabe. Sus fuentes son los periódicos en inglés, escritos especialmente para ellos, por cada una de las partes... sabe que el conflicto es complejo, sin embargo, dice también que la única manera de poder "venderlo" -él es freelance- es con historias de blanco y negro. Con cada "kasam" o bomba que cae, él gana su dinero, las historias sobre poetas israelíes ya no venden, declara irónicamente.
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