24 de junio de 2007

Inflación


El periódico de hoy nos informa de una noticia que ya esta en boca de todos desde hace años... "que el salario medio real de los españoles ha perdido poder adquisitivo". Estamos en la civilización de las vacas locas. Tautología, auto-referencialidad... Los políticos y la prensa llevan años encamados, y no hablan de lo que realmente afecta a la gente. Ahora nos vienen a contar como novedad, lo que cualquier ciudadano siente en su bolsillo desde hace años.
Pero siguen mintiendo.
Sitúan la pérdida en torno al cuatro por ciento.
Cuándo en realidad, estamos ante una inflación "no declarada oficialmente" en torno al 30% y el 50%.
Algunos números:
Un café paso de 90 pesetas a 1 euro, el alquiler de muchos de 56,000 pesetas a 800 euros, una caña de 200 pesetas a 2,5 euros... etcétera, etcétera.
Un camarero en un bar de copas ganaba 1000 pesetas y ahora gana 6 euros.
Un cámara de video, una media de 45,000 pesetas y ahora 250 euros.
Los sueldos siguen siendo lo mismo... se equipararon al milímetro.
Los pisos han aumentado (¿a santo de qué? Si se pagan los mismos sueldos a los trabajadores... ¿qué es lo que ha aumentado ya no sea la especulación? Daré un ejemplo del mundo audiovisual: hay unos señores en Barcelona que producen mucho. Tengo un amigo que trabajo con ellos. Digamos que el sueldo medio de mercado, por su trabajo, es 150 euros por jornada. A él le pagan 50 euros. Pero a la televisión para quién producen informan un presupuesto en torno a los 200 por jornada. La diferencia, se la guardan...).
Y así están las cosas...
¿Solución?
Menos préstamos y más grito. Falta un verdadero movimiento social que se ocupe de lo importante. Hay demasiados esfuerzos desperdigados que, a golpe de postmodernismo, disgregan la energía en luchas tan puntuales como innecesarias.
Si hay una lucha importante hoy día, es esta.

4 de junio de 2007

Demasiados imbéciles

A L. la conocí hace bastante poco. Tras esa primer impresión de mujer aburrida de alta sociedad, se percibe una sensibilidad reprimida a fuerza de salones y vernissages. Me llama hace dos días. Ni siquiera se preocupa por el cotilleo que se genera alrededor de mi repentina (aunque meditada) decisión.
En un acto de confianza y salto de página, me habla de otras cosas que podrían unirnos en un diálogo futuro.
"La relaciones humanas lo son todo", concluyó, como volviendo al tema que me preocupaba.
Tras muchos años de preocuparme en cuestiones del tipo "qué clase de cargo" o "cuánta responsabilidad" o "qué tipo de empresa", llego a la conclusión que la pregunta estaba errada, y deberá ser: "con qué tipo de gente".
Hacemos trabajos muy personalizados como para no tomar en cuenta la presencia del idiota de turno que, con un poco de poder, podría ser una molestia insoportable.
"¿Por qué siempre son los imbéciles los que permanecen en la organización?" Pregunta L. Supongo que porque la gente más rigurosa con su trabajo, es a la vez más sensible y reflexiva. Siendo ellos siempre, los que terminarían de abandonar para no verse sometidos al cotilleo y las chapuzas oficiales. Tan normativo en esta época que nos toca vivir.