24 de febrero de 2007

Lisboa


Bajo el arbol de Principe Real. Los olores, enseguida me llaman la atención. Sus cafeterías, sus pastelerías, únicas. La cultura alrededor de esto: el café, las pastas, los azulejos. Tengo la misma impresión que tuve seis años atrás. Estar al final y al principio del mundo. Estar en la capital de un imperio desaparecido.

Camino por las calles de Lisboa y me da escalofrío pensar que quién debería haber caminado por aquí era Benjamin, no yo.

Me viene a la mente una fotografía.
Lo vemos caminando en una ciudad francesa, las manos a la espalda, pantalón blanco, la mirada baja, un poco encorvado, adelanta un pié... parecería verlo en cualquiera de estas escaleras...
Uno se cuestiona el derecho a determinadas cosas. O sobre su privilegio.

Estoy entre el creyente y el agnóstico.

Me gustan las ciudades con nostalgia. Diría que hasta con cierta melancolía. Lisboa, Dublin, Jerusalén, Paris, Berlín… puede que sean ciudades que tengan algo de "otrora" (noble, imperial).

El viajar es un privilegio si se permite convertirlo en un mapa de uno mismo.

¿Qué es el flaneur sino el abandonarse a la búsqueda intuitiva de uno? Al caminar sin mapa vamos reaccionando, vamos respondiendo a los impulsos, dándo respuesta a los estímulos que nos propone un lugar desconocido.

¿Por qué curiosear en este portal y no en otro?

20 de febrero de 2007

Regina Martirum/Zaragoza


Tras tres horas y media de bus, se impone una cerveza... veo unas empanadillas de salmón, pido un par. Cesar, quién me acompaña, parece encantado. Parecería tener raíces de gato. Caé siempre sobre sus pies. De camino a Zaragoza, le confirman un nuevo curro, y casualmente, allí. Contento, se lanza sobre las empanadillas y la caña.
Nos alojamos en la casa de Anna.
El otro día sería intenso. Goya por derecha y por izquierda. La amabilidad de la gente de la calle me gusta, descubro negocios del siglo diecinueve que me cautivan. Frente a la Basílica, veo un pasaje que me remite a Benjamin.
Regina Martirum a distancia cero. Un privilegio que me cuesta asimilar. Fotos, observo y tomo algunas. La genialidad del pintor en toda su extensión. Figuras aparentemente inacabadas para la distancia.
¿Qué se siente al tocar con la punta del pincel el trazo de Goya?
El paseo del brazo de J. y A. El otrora reino se redescubre en cada rincón.
Posada de las Almas. Mucha charla, grata conversación, historias que cautivan. No por nada, paredes centenarias.
Nos despedimos.
Antes de partir, breve café con Anna y Cesar.

6 de febrero de 2007

Los viejitos

Veo tres personas mayores esperando para cruzar la avenida. Estamos al lado del monumento a Colón. La altura que me da el asiento de mi bicicleta me permite una pespectiva de mirar y no ser visto.
Pelo gris, vestidos con tejanos, bambas de caminata, camisa a rayas, una chupa contra la lluvia, abrigada, que, sin ser de montaña, es para ir por la naturaleza. Azul, rojo, marrón, rojo oscuro. Indumentaria provinciana (¿o podríamos determinar que existe una moda provinciana para salir de turista?)
Me parece verlos en una película tipo Fargo. Pueblo perdido, bebiendo sus cervezas. Turistas americanos, decido. Pensar que tienen derecho a voto, pienso. Y su voto tiene más valor que el mío, concluyo.