
Tras tres horas y media de bus, se impone una cerveza... veo unas empanadillas de salmón, pido un par. Cesar, quién me acompaña, parece encantado. Parecería tener raíces de gato. Caé siempre sobre sus pies. De camino a Zaragoza, le confirman un nuevo curro, y casualmente, allí. Contento, se lanza sobre las empanadillas y la caña.
Nos alojamos en la casa de Anna.
El otro día sería intenso. Goya por derecha y por izquierda. La amabilidad de la gente de la calle me gusta, descubro negocios del siglo diecinueve que me cautivan. Frente a la Basílica, veo un pasaje que me remite a Benjamin.
Regina Martirum a distancia cero. Un privilegio que me cuesta asimilar. Fotos, observo y tomo algunas. La genialidad del pintor en toda su extensión. Figuras aparentemente inacabadas para la distancia.
¿Qué se siente al tocar con la punta del pincel el trazo de Goya?
El paseo del brazo de J. y A. El otrora reino se redescubre en cada rincón.
Posada de las Almas. Mucha charla, grata conversación, historias que cautivan. No por nada, paredes centenarias.
Nos despedimos.
Antes de partir, breve café con Anna y Cesar.