Pasillo de aeropuerto. Acabando de pasar las puntos de control, camino mientras me pongo nuevamente la chaqueta y el cinturón. A mi encuentro viene N., sonriente, alegre, como siempre. A punto de embarcar, nos despedimos tras el breve encuentro.
Minutos más tarde. Hago tiempo para mi vuelo mientras bebo un café con leche. Pienso en la conferencia de ayer de Steiner. Introducción tristemente provinciana por parte de los grises burócratas de turno. Los intelectuales y los artistas deberían evitar ciertos reconocimientos oficiales. El galardón contamina... en el peor de los casos corrompe. La puesta en escena es en sí misma un resumen de la conferencia que vendrá. Una Europa cansada, la ciudad como refugio de la nada, el nihilismo sin esperanza con máscara de carnaval localista. El ennui, padre de todos los desastres.
23 de octubre de 2007
22 de octubre de 2007
Demasiado obvio...

El problema de la vivienda. Se habla mucho de esto últimamente. Cortinas de humo para tenernos cogidos por dónde haga falta. Es una necesidad básica, y nadie puede renunciar a ella. La gente se endeuda, para tener un techo.
Hace unos días bajaba del metro en Parallel. Línea lila. Cogí una libreta y me dispuse a tomar nota de todos aquellos nuevos establecimientos que han surgido en Nou de la Rambla. Sin ser éste un estudio riguroso, y sin siquiera pretender convertirlo en un estado de la cuestión general, podría darnos algunas pistas de lo que sucede...
De mayor a menor la lista quedaría así: 10 negocios de comida rápida oriental (falafel, etc.); 8 colmados (estos tipo "domingo y fiestas abierto"); 4 fincas enteras reconvertidas en "flat per day" (60 pisos menos en el parque de alquiler); 3 "call centers"; 3 negocios de souvenirs (todos con la misma mercancía), 1 hotel nuevo de cuatro estrellas (20 pisos menos en el parque de alquiler)...
Ciñéndonos sólo a lo que esta sucediendo en esta calle vemos que el tan mentado problema en realidad no existe, sino que se trataría de una pésima gestión, que postula el turismo por encima del ciudadano. Tras diez años en este mismo barrio, ya no reconozco mi calle. Los negocios se cierran y en su lugar, como si de hongos después de la lluvia se tratase, los escaparates se llenan de camisetas del Barça y horrendas luces de neón blanca que enceguecen al paseante. Se hecha gente de sus pisos, se rehabilitan y se abren hoteles... y todo gira como una noria aburrida alrededor del mismo motivo. Ayer mismo, note que habían abierto dos negocios de souvenirs nuevos y un colmado bajo las mismas narices del Ayuntamiento, a cinco metros de la Plaça St. Jaume. Dónde antes había un bonito café de esquina, ahora veo camisetas deportivas y enfrente, un nuevo colmado con una horrible luminosidad.
La ciudad, poco a poco, irá perdiendo su autenticidad, los residentes de siempre se irán, y vendrán turistas, muchos turistas, y se necesitarán más colmados, y más call centers, y menos hospitales, menos pensiones, menos gasto en educación, poca cultura... y lo que era el mejor reclamo de esta ciudad, se irá perdiendo. Y al final, quedarán solo el alcalde y sus nuevos negocitos... y el turismo, será, cada vez más eso: masas informes de personas que enriquecen a unos pocos sobre el esfuerzo de otros muchos.
Nos queda una esperanza, tal como dice D., el cartero, recordarles a los de St. Jaume que los turistas no votan, pero nosotros sí.
2 de octubre de 2007
Sueños [I]
Buscando el supuesto maletín de Benjamin, me pareció hallar la respuesta a una incógnita sobre Goya.
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