24 de diciembre de 2010

El ladrón


En Madrid me encuentro con F. Como era de esperar, hablamos de cine, guiones, derechos de autor y, coincidiendo con la votación en el Congreso, de la cobardía de la clase política, que, para sacar un poco más de rédito a sus nefastos intereses, son capaces de votar en contra de cualquier cosa.
Me cuenta que, años atrás, invitada a la cena de unos conocidos –apenas amigos–, el dueño de casa comenzó a defender con vehemencia su derecho a bajarse lo que quisiera por Internet. Ella escuchaba, argumentaba, pero en lugar de entender su frágil realidad, sus interlocutores la tomaban por reaccionaria, vil representante de la Warner.
Al final, y para evitar mayores discusiones, calló.
En el momento de despedirse, coge una pieza de adorno de su anfitrión y se la lleva. El dueño le espeta: “¡¿Pero qué haces?!” A lo que ella responde tranquilamente: “Lo mismo que tu”.
Creo que no se han vuelto a ver. 

3 de diciembre de 2010

Tiempos de Crisis


Visito a A., miro su despacho, resistiendo, solo. Sonrío, me dice : “cuándo la nave es grande, mayor necesidad de grandes espacios de maniobra. En tiempos de crisis, el tamaño del barco se torna fundamental…”

22 de septiembre de 2010

El Sacrificio


"Abraham era un fanático capaz de matar a su propio hijo en nombre de Dios. Suerte que allí estaba Él, Alabado y Bendito sea su Nombre, para detenerlo".
Pirkei Neviim, 23:14

31 de agosto de 2010

Ellos


Hay demasiada gente tonta por ahí. Y el problema es que muchos de ellos, los tontos, pueden ser también terriblemente ambiciosos.

22 de agosto de 2010

Los Pasajes

Estando en París, paseo por sus pasajes. En ellos, un negocio de fotografías antiguas. Una de ellas presenta la imagen de una catacumba: decenas de esqueletos de monjes recostados. Uno debería tener una foto así, expuesta en un lugar visible. Nos haría más modestos.

24 de junio de 2010

El truhán




Z. es un truhán, un embustero, un timador. Se gana la vida de director de Institución Cultural en capital de provincias. Esta ocupación no es más que una tapadera, si no estuviera allí, sería agente inmobiliario. Seguro. Quiere proyectar cine, pero no pagar por las películas. Cuándo se le recuerda la existencia de unas posibles tarifas de exhibición, tuerce la boca, con cara de croupier compungido, al recordársele el cambio no devuelto.
Disimula contándonos sus penas, sus recortes presupuestarios, pierde nuestro tiempo con su perorata victimista sobre la crisis, y si esto no surte efecto, pasa a hacer panegíricos a favor de la obra. Intenta conmovernos, es decir: evitar el pago.
No llega a embaucarnos: en realidad, no quiere pagar. Son personajes que ya se los ve subir en el rellano de la escalera. Nunca quieren pagar. Recibir a cambio de nada, esa es su verdadera estrategia. ¡Vaya desfachatez la nuestra! Recibir retribución por el usufructo de nuestro trabajo.  “¿Pero cómo?”, pensará sorprendido él, “¿los artistas no viven del aire? ¡Qué extraño! Creíamos que eran etéreos, que les era suficiente sólo con un dudoso reconocimiento…”
En realidad, no son más que truhánes sentados con sueldo fijo, parapetados tras la apariencia de una digna ocupación que promueve el arte. Oportunistas viviendo del trabajo de los demás. No quieren el arte, no aman el cine. Van en busca de notas de prensa que les permita inflar sus culos gordos atiborrados de comidas pagadas a cuenta del contribuyente. Se creen alguien, pero no dejarán ni huella. Pero como molestan…



6 de junio de 2010

Proyección en Berlín

Hace un par de semanas tuve el placer de ser invitado a presentar “Quién mató a Walter Benjamin…” en Berlín, en el Literaturforum in Brecht-Haus, por iniciativa de Erdmut Wizisla.

Tras lo sucedido con mi madre, pocas ganas tenía yo de viajar. Lo reconozco. Y sin embargo, fue una inyección de energía: una buena proyección, un buen público, un debate interesante.

En un momento de la noche, ya en la intimidad de la cena, Erdmut me pregunta si no me aburre esto de ir presentando el film, de estar siempre hablando de lo mismo. Me sorprendo contestando que no, que en realidad, cada encuentro con el público es totalmente distinto, y siempre surgen una o dos preguntas que nunca antes me habían hecho, y que me obliga a replantear y replantearme. Además, me fascina ahora experimentar las diferencias: cada público es distinto, y en cada lugar, la recepción del film, es otra. Sorprende el pensar que una película ya esta hecha, y sin embargo, va cambiando con la mirada del espectador; y yo, como director, experimento su propio cambio… 

23 de mayo de 2010

La última foto



Llueve. Mediodía de primavera en Buenos Aires. El coche que nos conduce al aeropuerto comienza un lento movimiento. Alzo la cámara. Disparo. 
Nunca hubiera pensado, en ese preciso instante, que esta sería la última foto que tomaría de mi madre.
Apenas visible, refugiada de la lluvia en el marco de la puerta, observa nuestra partida, diciéndonos adiós.
Borrosa, como si la cámara ya supiese la desgracia que se avecina...

Tardo tanto en revelar los negativos, que sólo hace unos días he recibido estos.
Y allí la veo, allí la encuentro, allí la descubro, cuidando de nuestra partida, alzando la mano, enviando un último y eterno beso.
   
Si supiera lo duro, lo triste, lo espantoso, lo doloroso, que es saber que no habrán más fotografías... 
El silencio. El terrible y absoluto silencio...
Y una última foto, borrosa, insinuando la muerte.

A Sara Goldberg, mi madre
ZAL 

17 de febrero de 2010

El mercado

En el mercado hoy era todo patas arriba. De una parada a otra, el mismo tema: todos quejándose de que han puesto un molinete en los baños dónde no se podrá entrar sin pagar. Propongo que hagan una huelga, o una meada popular en la puerta del mercado, justo sobre las Ramblas…
Sé que no harán nada. Se quejarán, discutirán entre ellos, alguno tal vez se anime a cerrar, pero nadie o pocos lo secundarán. Ese es el problema: mucho ruido, mucha queja, pero nada de conciencia social, de acción. Pura charlatanería de mercado…