9 de junio de 2006

El fin del cura



“Bienaventurados los que tienen cojones, puesto que ellos heredarán la tierra”. El cura observa la audiencia, midiendo el efecto de sus palabras. La gente, en silencio, asustada. Un cura que inspira la revolución. El sacerdote asciende al púlpito, lento, majestuoso... Pasea su mirada por los presentes. Silencio. Es un pueblo pequeño y el viento sopla con fuerza. Las ventanas chirrían. Alza la voz. Estalla. “Bienaventurados los que tienen cojones, puesto que ellos heredarán la tierra. Malditos los temerosos, puesto que ellos heredarán solo el cielo”. El público se mira entre sí, atónito. Creen alucinar. Se percatan de que entre los presentes no se hallará algún soplón. Voces, rumores. Era el principio de la revolución. Y el fin del cura...