9 de enero de 2009

El despropósito mediático [III]

La prensa española nos sorprende con noticias que más que el relato de una guerra parecían ser una triste y populista versión de los protocolos de los sabios de sión.
Hace unos días, en una cadena de televisión, "nos mostraban" como los judíos israelíes disfrutaban y se restregaban las manos, felices y contentos, con la sangre que sus tanques exprimía a los pobres palestinos. Atacados así, sin ton ni son, y por pura y maléfica diversión de esos malvados barbudos, tocados con gorrito.
Más que periodismo -ese anacrónico anhelo de busca de la verdad- parecía una soflama antisemita digna del más rastrero escritor.

Ya hace años vengo observando el fenómeno. Cada vez que se enciende el Oriente Medio, y sólo si Israel esta involucrado, las primeras planas se regocijan en el dolor y en la muerte. Ríos de tinta que van a parar a un mar de inexactitudes y de cobardías. Un ritual dónde la muerte del otro sólo sirve para justificar el odio y la ignorancia. Poco es el interés que siente esa prensa por el destino de los oprimidos en general y de los palestinos en particular. Poco es el apoyo de la sociedad española ante la barbarie y la masacre. No recuerdo haber visto manifestaciones tan urgentes cuándo se asesinaban cientos de miles de personas en Rwanda, ni cuando lo de Darfur, ni por la masacre constante de congoleños. No. Ni siquiera he visto manifestación indignada alguna cuándo el Hamas, golpe de Estado de por medio, asesinaba a casi doscientos palestinos, arrojando a algunos por las ventanas. Todo esto lo vimos todos, todo esto lo conocemos todos, pero sólo salta a la primera plana de los periódicos, o a las calles, cuándo el sujeto de la acción es Israel. Es un fenómeno, como mínimo, sospechoso.

Y digo esto, antes siquiera, de pronunciarme sobre los acontecimientos...