13 de septiembre de 2007

Bandera amarilla


Me tomo la mañana libre. Necesito un poco de aire. Cojo algunos textos pendientes de lectura. Me acerco al mar.
Bandera amarilla. Una voz, emitida desde unos orwellianos altavoces, advierte de la necesidad de extremar la precaución en el agua.
Me descalzo y camino unos minutos disfrutando de la sensación de las olas jugueteando entre mis pies.
Salgo de la playa.
Al calzarme las sandalias, descubro una mancha negra en mi talón derecho. Intento limpiarlo con agua. El resultado es peor: mis manos se embadurnan de un material negro, pegajoso. A unos metros, caseta de la Cruz Roja. Me informan que no hay de qué preocuparse, que es "simplemente" chapapote, y que con un poco de lejía y estropajo, se va. Ellos no tienen nada a mano, y, señalando unos metros más allá, me indican que me acerque al encargado de la limpieza, que justo en esos momentos está repasando los baños.
Mohamed, solícito, me da lejía y un poco de papel. Me revela que esto sucede a menudo, que "cuando hay mal tiempo, el mar saca fuera toda la mierda escondida".
Me pareció una figura interesante, y ni siquiera metafórica.