Malas costumbres. Además de comprar la prensa los sábados, perder el tiempo viendo las noticias a las nueve. Estas se parecen más y más a un atajo de simples maniqueísmos. Redactados, en el mejor de los casos, por mentes perversas; pero en el peor, por personas carentes de toda -ya no rigurosidad- sino dignidad profesional.
El periodismo contemporáneo, con raras excepciones, se ha convertido en un instrumento vulgar y nauseabundo para estupidizar a las masas. ¡Qué asco! ¡Qué mal alimento para nuestro cuerpo!
Debería hacer un esfuerzo por cambiar mis hábitos. Lo intentaré, lo prometo.