7 de septiembre de 2006

El Pozo



Fue justamente en el túnel que une la línea roja con la verde, bajo el asfalto concurrido de Plaza Cataluña, dónde se hizo la luz. No recordaba ni dónde ni cuándo lo había leído. Le vino a la mente la idea, como un eco, como un ángel de antaño: "si quieres ayudar a alguien que se encuentra en un pozo, no basta (no sirve) con echarle una soga para que trepe". Claro, después de tantos años, lo terminó por comprender: su debilidad le hubiera impedido trepar.
Será necesario bajar al fondo del pozo, mezclarse con el lodo y el barro, cargar al sufriente sobre los hombros y sacarlo, sacarnos, conjuntamente.
Entendió porqué sus consejos no servían para nada. No porqué no sirviesen, ni siquiera es que no tuviera razón, o no viera la situación acertadamente. Eran como sogas echadas al fondo del pozo. No tenía fuerzas para trepar. Había que llenar los pulmones de luz, los ojos de aire fresco, y bajar al fondo contaminado de la cuestión. Mezclarse con ello, manteniendo la calma... y sacándola a la fuerza, de ser necesario.