16 de septiembre de 2009

Espejitos y Collares

Los viajes de regreso siempre son más largos que los de ida, piensa G. mientras, tedioso, observa esa ruta interminable...
No le gusta el "pueblo", lo sabe. Ni siquiera sabe lo que es. A no ser que se denomine "pueblo" a ese desordenado y egoísta grupo de borregos que están tan predispuestos a cambiar su libertad por espejitos y collares.
El viaje se torna insoportable.
La gente no sabe estar sola y se la pasa hablando por sus malditos aparatos móviles.
Hay inventos que nunca deberían haberse hecho, concluye. No, definitivamente, a G., el "pueblo" se la suda.

(Memorias de Viaje, Martín el Rio)

12 de septiembre de 2009

El Zahorí

Zaragoza, visitando a Juan. Desde el primer momento nos introducimos en nuestros temas. Goya y su estrategia narrativa, El soldado de los milagros, las publicaciones, el American Colony…
Por la noche, me agasaja con el espectáculo de Bigas Luna, en el Plata. Me río bastante, paso un buen rato.
Al regresar, seguimos... Me cuenta de Y. y de su don. Le pido conocerla.
Pasamos toda la tarde del sábado juntos. "Primero es la intuición, la certeza de saber"... me dice ella. Más tarde, ya entrando en materia, agrega en confianza: "luego se construye el tinglado de estudios científicos para justificarlo..."

2 de julio de 2009

Juan y Pinchame se fueron al río...

Vamos al banco. Renovación de cuenta de crédito...
Me viene a la memoria un juego infantil que solía divertirnos en los primeros años de la escuela. Uno venía a un compañero, con un alfiler escondido, y declamaba, como si de una adivinanza se tratara "Juan y Pinchame se fueron al río, Juan se ahogó, ¿quién quedo?". El otro, distraído, respondía "Pinchame". Y ahí estábamos nosotros clavándole el alfiler.
Lo del banco me parece bastante similar...

(hace unos días, en una cena, alguien lanzo la paranoica idea de que todo lo que hacemos en realidad existe para mantener a los bancos. Y dirigiéndose a mi, me dice: "Por ejemplo, veamos tu trabajo. Tu haces un documental. Firmas coproducción con la cadena de televisión tal y cual. Ellos no te dan todo el dinero, ya que te lo van dando en fases. Entonces tu tienes que ir a pedírselo al banco, para poder producir la película. En el camino, se va entre el siete y el diez por ciento. Es muy probable que ese mismo importe firmado con la cadena de televisión este depositado en esa misma entidad bancaria, que te lo están prestando a ti por un interés equis, cuándo, desde el principio, supuestamente, era tuyo".
Visto así, pienso más tarde, es desesperante).

4 de junio de 2009

La cuadrícula

Por la mañana, temprano, encuentro con J. Un café en la mitad de la semana, para que no pasen los días sin vernos. Me cuenta que esta escribiendo, bastante, de todo, relatos, cuentos infantiles, lo que venga... es decir, lo que soliciten en los concursos. A falta de trabajo, prueba suerte con los certámenes literarios... ecos de Bolaño.
Hablamos de la crisis, omnipresente, ya tocando nuestros propios, y siempre inestables, bolsillos.
Me atrevo a esbozar el principio de lo que podría ser una idea, pero no es más que una intuición, y es la siguiente: que podríamos rastrear los orígenes de esta crisis en el lenguaje, en el arte. Decenios de dictadura posmoderna, tan trendy en mi juventud de estudiante, vaciando de contenido el centro mismo de la cultura. Con J. recordábamos el día en que, harto del hueco discurso de un profesor, yo le espetó que sus teorías posmodernas, aunque en apariencia de izquierdas y progres, no eran más que el caballo troyano de un capitalismo salvaje. Se lo dije así, con esas palabras. El hombre me mira, horrorizado por mi irreverencia. Yo sabía que me estaba arruinando el promedio de notas. Lo sabía. Pero no me importaba. Me aburría y me irritaba soberanamente... además, ya intuía que la universidad no era lo mío. Otro atajo de acomodados con sueldo fijo y seguro que para entender el "ritmo en la narrativa audiovisual" se habían inventado un sistema (una cuadrícula) de medición del movimiento en la pantalla.
Sí, una cuadrícula...

26 de abril de 2009

Si el arte es a la sociedad lo que los sueños al hombre...

Gripe porcina, gripe del pollo, vacas locas, terrorismo, crisis económica, cambio climático...
En el aeropuerto de San Juan, un anuncio nos informa que estamos en "alerta naranja" por la amenaza terrorista. Un punto menos que en su escala máxima. Los altavoces nos exhortan a mantenernos alertas, a denunciar cualquier comportamiento sospechoso.
Quince horas después, ya en Barcelona, el avión aparca al costado de otro proveniente de México. Alrededor de éste, coches y personal sanitario con mascarillas.
A la salida de la terminal, un enjambre de periodistas alborotadores...
El tren se desliza hacia la ciudad. Nuevo, silencioso, casi vacío.
Un mundo lleno de miedos y alertas, histeria colectiva y sospechas, dónde cada ciudadano podría ser portador de una amenaza.
Se ejerce el control, se expande en cada rincón.

24 de abril de 2009

San Juan, Puerto Rico.

A punto de regresar, asombra alegremente la experiencia de saberse viajando tan lejos para encontrarse con gente tan afín.
Charlas, debates, intercambios de ideas.
Una manera de ver nuestra obra en distancia, con distanciamiento.
Interrogantes que se abren, respuestas que deberemos encontrar en los próximos proyectos.
Ansías de enfrentarse al time line, estrategias narrativas que sean un afianzamiento del lenguaje.

20 de abril de 2009

Conversaciones en el cielo

En el viaje entre Barcelona y San Juan, con escala en Filadelfia, fue todo misticismo.
A punto de partir, descubro, sin siquiera sorprenderme, resignado a mi destino, que mi ocasional compañero de viaje es un judío religioso residente en Filadelfia. Casi no hablamos en todo el viaje. Solo un intercambio inicial. Dos horas antes de aterrizar en Estados Unidos, la charla sobreviene. Ex hippy, artista figurativo, siete hijos, con más preguntas que respuestas. "No es casualidad que estemos sentados juntos, nada es casual en este mundo", dice. "Me gustaría pensar como tu", contesto, "y encontrar huellas divinas en todo acontecimiento, ¡sería todo tan fácil!". Sonríe, aprobando, apenas disimulado.
Horas después...
La salida del avión a San Juan se retrasa. Tormenta en el Caribe. Casi tres horas retenidos en pista. Ya en el aeropuerto se me ocurrió que si alguna vez creí que la salida de Egipto era un charter de madrugada de Barcelona a Tel Aviv, la verdadera podría ser un vuelo de Filadelfia a Puerto Rico. El caos, las voces y la anarquía que se apodera del pasaje con una vitalidad que es a la vez fascinación y rechazo.
Mis compañeros de viaje, descubro en la charla de la espera en pista, son miembros de una iglesia pentecostal que, junto a decenas de compañeros, regresan de un congreso en los Estados Unidos.
Me hablan del momento de la luz, la fe, del hablarle a dios, del destino, etc. Tras el hombre, de proporciones significativas, adivino un pasado plagado de drogas, alcohol y violencia. Un aire de Benicio del Toro en "21 gramos". Una hora más tarde, con la confianza de la espera, me habla de su pasado carcelario y de cómo la fe le salvó la vida. Del milagro que le sucede. ¿Puedo yo discutir esto? Oigo, como si estuviera escuchando un cuento con final feliz. Observo la mansedumbre actual y la compara con la violencia que pudo haber sido…
Hablamos de esta segunda casualidad en este viaje, con compañeros que solo me hablan de fe y religión. Él, y su mujer, concluyen victoriosos: "Nada es casualidad, dios te esta hablando".
Al bajar del avión, con cuatro horas de retraso, tras dieciocho horas en ruta, me espera B. Nos reconocemos inmediatamente. Solo nos habíamos visto un año y medio antes, por cinco minutos, en las Ramblas de Barcelona. Aquí estaba yo, en Puerto Rico, finalmente.
B. me pregunta si tengo hambre.
Le contesto que sí. Y nos vamos a comer un bocadillo, en el único lugar que encontramos abierto.
Primer noche en la isla.

1 de abril de 2009

Recuerdos de adolescencia

Muere Raúl Alfonsín. Hablar de él es como hablar de adolescencia. Mi adolescencia. De juventud, de una época en que la política se vislumbraba, con la inocencia de la edad, como una alternativa posible, el poder de la palabra para convencer, guiar, dar un sentido, restablecer el sentido, re-establecer de sentido, a cada uno de los vocablos que, erosionados, ya carecían de luz propia. La emoción del descubrimiento de la democracia. Aquella mágica palabra, artilugio sin igual, que solucionaría todos nuestros problemas, que abriría las puertas del deseo. Nunca más, un acto popular y político, volvería a emocionarme como aquello, significando una revolución en mi vida.
Colgar el uniforme, dejarse el pelo largo. Las primeras asambleas de estudiantes.
Cuándo Alfonsín es investido presidente, el diez de diciembre de mil novecientos ochenta y tres, la calle era, literalmente, una fiesta. Una grande y ancha avenida -Cabildo y Juramento- sin coches. Esa misma noche, recuerdo, había participado en lo que fue mi primera y última obra de teatro. "¿Quién, yo?" de Dalmiro Saenz. No recuerdo si hacía el role del fiscal o del abogado defensor. Recuerdo eso sí, que era una obra con moralina. Un tanto decadente, de esas que suelen excitar las mentes de púberes adolescentes que creen hablar con palabras de sedición, pero veladas.
No suelo hacer semblanzas de políticos, es verdad, pero permítaseme recordar a Alfonsín como si de un héroe de adolescente se tratase, un héroe de tebeo, un personaje mítico pero no menos real, siquiera, por todos estos recuerdos que me vienen de repente...

17 de marzo de 2009

Jerusalén, nuevamente, una vez más

¿Qué cosa buena cabe esperar de una ciudad cuyo ethos fundacional es la fanática acción de un hombre capaz de sacrificar a su hijo?
Un dios horrorizado que dice, no, por dios, por mi no, deteniendo el cuchillo a punto de degollar al primogénito del hombre. Turbado y deprimido por el fervor del hombre, abandonó la ciudad a su merced, dejando en su lugar un monigote para escarmiento de los fanáticos. Y así fue, desde el principio de los tiempos, hasta nuestros días, por siempre, jamás.
(Leyendas Romanas, Capítulo 3, Párrafo 11)

10 de marzo de 2009

A la vuelta de Goya


Tras dos días de sueño profundo, reorganizar fuerzas, desarmar la maleta, el regreso.
El rodaje de El Secreto de la Sombra ha concluido.
¿Resumir en pocas palabras la experiencia?
Hablaremos del género documental en general.
La experiencia del azar que se configura, se figura, va creando la figura, distinta, a veces idéntica en su esencia.
La fe en el diálogo. En el poder de la palabra, la abstracción de la imagen.
No abusar nunca, del poder que te da esa "maquinaria cinematográfica" como si de un arma frente al entrevistado se tratase. Intentar dibujar con ella, como con un lápiz, y si el material se resiste, entonces como mínimo, como el punzón sobre la plancha metálica.
Más que el lápiz en la privacidad del libro de bocetos, es una plancha con deseos de reproducción. De la suavidad o no del grabado final, de sus contrastes y claroscuros, de sus armoniosas líneas, ya dependerá de la pericia del artista... nosotros, meros aprendices, no hacemos más que esforzarnos... aprendiendo aún, y así, hasta los ochenta años...

30 de enero de 2009

Madrid. Exteriores.

En una terraza de mediodía, me encuentro con L.
Su conversación culta y agradable, bajo el sol de un invierno primaveral, nos alerta del placer de la coincidencia; de la aventura del flaneur que anda y desanda la ciudad. Unas calles regaladas por la anulación del tiempo, por la derogación de entrevistas anotadas cuidadosamente...
Olvidamos fácilmente la importancia del azar.

20 de enero de 2009

N. busca becario

N. viene a cenar ayer. Se autodefine como progresista y de izquierdas. Se suma a causas loables en el tercer mundo. Ahora dirige un festival cultural en Barcelona, subvencionado por la Generalitat y otras organizaciones. Busca un nuevo meritorio en prácticas para que la ayude con las tareas de producción. Quedó bastante decepcionada con el del año pasado. Yo le explico que es parte del asunto: alguien a quién no le pagas, no tienes derecho a exigirle un buen trabajo. Me mira extrañada. Continúo la idea: el sistema de prácticas, que nacen conjuntamente con el auge de los masters, es una explotación encubierta, y también una forma de borronear las cifras reales del desempleo. Que si es de izquierdas, tal como a ella le gusta definirse, debería oponerse a esto y contratar a alguien, pagándole como dios manda, como contrapartida por su fuerza de trabajo (es decir, su tiempo y aportación a la empresa). Se defiende diciendo que no tiene presupuesto, le respondo que entonces no haga el festival. Argumenta que "no lo hace por ella sino por la sociedad". Risas. Si la sociedad no te puede dar el dinero que necesitas entonces cierra, no aceptes catárticas limosnas, remato. No me entiende, sé que no me puede entender. Ella cree que ser de izquierdas es vestirse con un pañuelo a cuadros, una especie de moda cool. Lo que no sabe, ni nunca sabrá si no estudia un poco, es que la izquierda es una actitud, ante todo, materialista, es decir, económica. Y mientras estos vociferantes progres sigan así, no hacen más que favorecer la explotación del otro, pero eso sí, con buen rollito y sin siquiera una buena ley de indemnizaciones

9 de enero de 2009

El despropósito mediático [III]

La prensa española nos sorprende con noticias que más que el relato de una guerra parecían ser una triste y populista versión de los protocolos de los sabios de sión.
Hace unos días, en una cadena de televisión, "nos mostraban" como los judíos israelíes disfrutaban y se restregaban las manos, felices y contentos, con la sangre que sus tanques exprimía a los pobres palestinos. Atacados así, sin ton ni son, y por pura y maléfica diversión de esos malvados barbudos, tocados con gorrito.
Más que periodismo -ese anacrónico anhelo de busca de la verdad- parecía una soflama antisemita digna del más rastrero escritor.

Ya hace años vengo observando el fenómeno. Cada vez que se enciende el Oriente Medio, y sólo si Israel esta involucrado, las primeras planas se regocijan en el dolor y en la muerte. Ríos de tinta que van a parar a un mar de inexactitudes y de cobardías. Un ritual dónde la muerte del otro sólo sirve para justificar el odio y la ignorancia. Poco es el interés que siente esa prensa por el destino de los oprimidos en general y de los palestinos en particular. Poco es el apoyo de la sociedad española ante la barbarie y la masacre. No recuerdo haber visto manifestaciones tan urgentes cuándo se asesinaban cientos de miles de personas en Rwanda, ni cuando lo de Darfur, ni por la masacre constante de congoleños. No. Ni siquiera he visto manifestación indignada alguna cuándo el Hamas, golpe de Estado de por medio, asesinaba a casi doscientos palestinos, arrojando a algunos por las ventanas. Todo esto lo vimos todos, todo esto lo conocemos todos, pero sólo salta a la primera plana de los periódicos, o a las calles, cuándo el sujeto de la acción es Israel. Es un fenómeno, como mínimo, sospechoso.

Y digo esto, antes siquiera, de pronunciarme sobre los acontecimientos...

1 de enero de 2009

28 de diciembre de 2008

Semblanza de ellos

Ellos son así.
Te molestan, te arrojan piedras y te insultan, haciendo muecas y desencajando el rostro...
Y cuándo tu, harto ya, le das su merecida hostia; van llorisqueando por ahí mostrando al mundo sus heridas.

22 de diciembre de 2008

Diciembres (al regreso de Nairobi)


El periódico de la mañana traía la siguiente noticia: que este año cada español se había gastado una media de setenta y dos euros en billetes de lotería para el gordo de navidad. Como no conozco a nadie que haya comprado uno, me ratifica ese viejo refrán que dice que la "estadística es esa ciencia exacta que dice que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, cada uno de nosotros tiene un coche". Al final, el gordo tocaría a sólo veinte metros de esta mesa desde la que escribo. Bajo las escaleras, curioso, a ver el espectáculo, mientras desencadeno mi bicicleta rumbo a la piscina. Enjambres de periodistas, esa jauría moderna de lo novedoso, al acecho. Me miran con recelo, no sea cosa que sea un disimulado agraciado. Pero no lo soy. Solo un momento me deleito ante la idea-espectáculo de qué haría de haber sido uno de los premiados... Al regresar, la jauría colaboracionista sigue allí. Ahora con más cámaras, y más chicas en falda, micrófono en mano, en busca de esa historia, la de siempre, la cenicienta moderna que, salvando a uno, nos haga creer que realmente "podemos", cuándo no somos más que un triste público a quién le arrojan las migajas del circo.
Ayer, antes de dormir, comencé a leer "El Retrato" de Gogol. Buena recomendación de C. Ya dormido soñaría con las pinturas de Goya. El color invadía la imagen, algo así como "esos días azules, ese sol de infancia" pero en rojo y verde. Sin todavía despertarme, tomaba consciencia de cuánto echaba de menos a Goya y cuánto me hacían falta sus cuadros en estos momentos. Como si dentro del color estuviera escondido el tesoro... pero no en metálico, sino en palabras.
Hace solo una semana que regresé (regresamos) de Kenia. Proyección de Quién mató a Walter Benjamin... en Nairobi; workshop al otro día en la Academia.
Me sorprendió (¿o me regocijó?) el ver la actualidad del tema a una sociedad aparentemente tan distante. Da cuenta del papel del arte en general, y del cine en particular, para generar diálogo. Uno de los asistentes pregunta, refiriéndose al valor de la cultura, si acaso el conocimiento del pasado, el exorcismo de sus fantasmas, sería suficiente para evitar otra matanza como la de Darfur o Rwanda (refiriéndose al frágil equilibrio social que se respira en Kenia tras los disturbios de principios de año). Contesto que "lamentablemente, toda la Biblioteca Nacional de Paris, con todos sus volúmenes y su sabiduría escrita, no pudo detener la barbarie. Y que por mucho que nos pese a los intelectuales y artistas, lo único que es capaz de detener a un tanque es otro tanque. El role del arte es otro y yo no me creo eso de que 'quién no conoce su historia esta condenado a repetirla'. No hay ninguna relación entre esto y lo otro, como tampoco hay relación alguna entre la cultura y la compasión".
Entonces, ¿qué sentido tiene todo esto?, pensaría más tarde...
Un poco de luz, convertirnos aunque sea en fugaz cerilla entre tanto sentido embotado.

22 de noviembre de 2008

Jerusalén, sábado por la noche


Cuándo salimos del Muro de los Lamentos (kotel ha maaravi) el sábado por la noche, nos percatamos de los buses dispuestos para trasladar a los feligreses a sus barrios. Me acerco a la cola y pregunto por el precio. Me responde un hombre-decimonónico, entre irónico y divertido, "como en shabat no llevamos dinero, subimos sin pagar y mañana lo reintegramos en el primer bus que tomamos". "¿Y el Ayuntamiento se lo cree?", pregunto dudoso. "¡¿Por qué no debería creerlo?!", responde él con media sonrisa, como justificando mi aprensión, en el momento justo en que comienza a avanzar la cola.

11 de noviembre de 2008

El turco S. en Madrid


En su camino entre Buenos Aires y Tel Aviv, el turco S. pasa por Madrid.
Sediento de color y luz, arrastra sus maletas por los largos pasillos del metro, y a tan solo unas horas de aterrizar, se lanza a la conquista del Museo del Prado.
Tras ocho horas allí, sentencia: "Velázquez es mil veces mejor que Goya".
¿Acaso puedo discutir su argumentación?
Me habla de las manos, de la forma de pintar las extremidades, de la luz... habiendo coincidido su visita con la exposición de Rembrandt, imbuido de mesiánica verdad, remata: "mira la luz en Rembrandt y compárala con Goya".
Me río en silencio.
Es como si lanzase un desafío a un coleccionista privado que poseyera decenas de goyas. Pero el turco sabe que de Koplowitz poco tengo... solo atino a decir que "justamente Velázquez y Rembrandt" eran los grandes maestros de Goya, según se lee en la biografía escrita por Javier, truhán de poca monta que tuvo la suerte de nacer hijo del genio y heredar su fortuna.
Acaso, ¿tiene sentido alguno lanzarse en una discusión telefónico-peninsular?
Argumento conciliador que es injusto comparar a Goya con Velázquez, los separan un siglo fundamental en la historia de España y de Europa. "Ya sé davicito", dice el turco, "Goya como iniciador de la pintura moderna. ¿Sabes lo que hice? ¿Le pregunté a un guarda que había allí si habia pintura impresionista en el Museo del Prado, y el muy piola me dice que no, que en el Reina Sofía… ¿O en el Thyssen? Ya no me acuerdo... entonces yo le pregunto, ¿y Goya? ¿Goya no es impresionista? Entonces él, indignado, queriendo poner en su lugar a este provinciano insolente, me contesta categórico, '¡Goya no es impresionista, señor!'".
El turco S. es así, con ánimos de provocador revolucionario, busca la luz dónde está la sombra... Sale exultante tras la visita a su Catedral de la pintura.
Mas tarde, en la silenciosa madrugada de mi balcón, pienso: la comparación entre los dos genios pintores, no por automática, es menos injusta. ¿Qué mundo le tocó vivir a Velázquez? ¿Qué lugar en la Corte? ¿Y a Goya, con seis reyes que se suceden, invasiones y guerras, miseria y terror absolutista? Solo comparemos la armonía, la estabilidad, la posición del cortesano pintor que es Velázquez en ese autorretrato llamado Las Meninas, con la representación sin par del ocaso, propio y Real, en La Familia de Carlos IV.
Casi ciento cincuenta años separan una obra de la otra.
Puede que el turco S. tenga razón. Goya siempre vio en Velázquez un maestro insuperable, hasta el último momento, cuando ya en Burdeos, escribe refiriéndose a sus miniaturas, "que más se parecen a los pinceles de Velázquez que a los de Mengs".
A veces tengo la impresión que Goya mismo estaría orgulloso ante la comparación y afirmación del turco.

13 de octubre de 2008

Sobre la mentada crisis


Leo y poco entiendo. Lo cual no me desmoraliza ni me sorprende. Ya que veo que ni los propios potenciales expertos y conocedores del asunto saben lo que está pasando.
Decido entonces hacer uso de mis rudimentarias herramientas, mis básicos conceptos. Pienso que una crisis, una verdadera crisis de bíblicas magnitudes, surge con la peste, la sequía, la falta de trigo, las guerras, las inundaciones... Una crisis, en los términos que nos ocupa, colijo, es una cuestión de grave falta material.
Nada de esto está sucediendo en la actualidad. Es decir, estamos asistiendo a una crisis virtual, simbólica, que ha terminado por fagocitar la propia realidad.
Distintas manifestaciones de la cultura y el entretenimiento vienen dando pistas sobre este desenlace: realities shows, los hermanos Chapman, Michael Moore y el mismísmimo Damien Hirst... todos estos buenos ejemplos de una cultura basura que pierde el referente y nos vende una falacia. Papelitos de colores, en lugar de oro. Resultado: el globo se pincha, no queda más que aire, y eso es lo que precisamente esta sucediendo con el sistema financiero. Las bolsas pierden, los bancos no confían entre si. Y si el latrocinio no era suficiente, el asalto es ahora a mano armada: "la caja o te mato". Y ahí tenemos a los gobiernos avalando con el dinero de todos, unas cuentas inexistentes, unos números espaciales, unos intereses que ya hemos pagado infinidad de veces y volvemos a pagar ahora con la caja pública, mañana con los impuestos que nos subirán.
Crisis, lo que se dice crisis, no hay. El alimento esta allí. El territorio también. Lo que hay son unos farsantes que han tomado el lugar de lo real y que ahora quieren endosarnos la factura de sus errores.

24 de septiembre de 2008

Memorias de Batman

O llego tarde, o llego demasiado temprano. Me cuesta todavía calcular las distancias en esta ciudad. Hoy llegaba, aparentemente, tarde. Entre conexión y conexión de metro, la pantalla de los monitores con las noticias. Despedida de Bush, mensaje mesiánico de fin de los tiempos de Ahmadineyad. Fue un momento, una imagen de refilón antes de embullirme en el vagón rumbo a Sol. Memorias de Batman.

13 de septiembre de 2008

Mercadotecnia


Interior. Cafetería. Museo.
Un padre y un hijo sentados frente a frente, en una mesa cuadrada de bar. No hablan. Ensimismados cada uno con el juego de sus móviles.

Decía P. hace un par de semanas, que esto de traer la cultura al pueblo es una gran idiotez. Viendo la masificación turística de algunos museos, tiendo a estar de acuerdo con él.
El problema es que lo que no pasa por el aro de la mercadotecnia, parecería no servir. Todo aquello que no pueda convertirse en mercancía inmediata, pierde interés.
Es aquí dónde se insertaría el concepto (actual) del espectáculo. “Arquitectura espectáculo”, “rodaje espectáculo”, “escritor espectáculo”. Dónde el mismo relato sobre la “cosa”, se convertiría en mercancía en si mismo. No se trataría ya de negar el referente (propio de la era digital), sino en un negocio global que incluye no solo la “cosa” sino el discurso sobre la cosa en todas sus vertientes (mercadotecnia).

En cuánto al padre y al hijo. La mujer se suma más tarde a la mesa. Al verla, comprendí que puede que yo también me hubiera refugiado en mi móvil.

El mentón

Exteriores. Atardecer. Sentados al borde de la piscina, los piés en el agua.
I. me pregunta mi opinión sobre J., con quién coincidí en el desayuno, esa misma mañana. Me encojo de hombros, evitando dar lacerante opinión. "Aquí, nadie dice lo que piensa", espolea ella. Echo mano al libro que me acompaña, y citándo, leo: "(...) despertaba ese incomparable rencor que sólo causan la inteligencia, la gracia y la pedantería francesas" [Jorge Luis Borges]. Ella ríe su risa inteligente, confirmando mi opinión. Hago ademán de levantar mi rostro hacia arriba, dejando la nuez expuesta, el mentón a 120 grados del eje del cuello... y agrego ya sin piedad, fruto de mi propia cosecha: "lo que me fascina es ver el gesto, el gesto de la soberbia, más alla de lo que se dice, el movimiento del mentón, la mirada siempre por encima de su interlocutor, inquieta, como queriendo mostrar, a fuerza de practicarlo infinitamente, una mente convulsa de inteligentes pensamientos que se quieren abrir paso". "Eso se aprende", dice ella, "se lo enseñan desde chicos en sus liceos exclusivos, luego hasta se lo creen" (y dicho por ella -excelente y sincera artista- se convierte en una verdad inapelable). Le confieso que me gustaría rodar un hombre así. Quedaría escracheado ante la cámara. El ángulo, un momento más abajo que su mirada, sin llegar a contrapicado. No importa lo que diga, sería irrelevante. Por lo pronto, mañana, seguiré disfrutando de su estudio al natural. El estudio del gesto. El gesto de la soberbia.

10 de septiembre de 2008

Aragón


Llegar a una ciudad de provincias y encontrarse con al iglesia cerrada. Fiestas regionales. Tras algunas preguntas, entender que nadie sabe cuándo la abrirán. Dar unas vueltas. El cansancio aprieta. Meterse en un café. Ante la recurrente pregunta sobre los horarios de visita de la iglesia, la sorpresa: El hombre que se encuentra sentado en la próxima mesa, matando el tiempo con cuatro amigos jugando a las barajas, es el responsable de las llaves del templo. Y así, una vez más, termino tranquilamente mi café, mientras ojeo el Heraldo, en busca de los guiños de Juan D. Se convierte así en un casual juego, ejercicio singular que me hace sentir extrañamente en casa. Minutos después, me encuentro disfrutando, frente a frente, con las pechinas de Goya.
[Salí esta mañana de Fuendetodos. Carreteando lentamente, por caminos secundarios. Me pregunto que será de esos pequeños pueblos de Aragón cuándo la gente mayor desaparezca].

6 de septiembre de 2008

Alegoría de la Fortuna

La fortuna con los ojos vendados, repartiendo alhajas, casi desnuda, haciendo dudoso equilibrio sobre un globo azul, sostenida por un pié. A la derecha del cuadro, alguien toca un cuerno desesperadamente, con una mano se tapa un oído, con la otra sostiene el improvisado instrumento. Una mujer con una lanza, de espaldas a la escena... desolada...

10 de agosto de 2008

Un instante

Solo hace falta un pequeño desgarro en la frágil superficie urbana para ver el salvaje entramado sobre el que se sustenta (¿o se oculta?). Es como si levantásemos la tapa de una alcantarilla de una importante y majestuosa avenida, manifestándose ante nosotros la imagen de las ratas correteando entre las cloacas.

30 de julio de 2008

Notas encontradas entre papeles olvidados... (I)

Engañaré mi propia tristeza, no responderé a sus llamadas, ni a sus mensajes, jugaré con la cara de poker de quien magnánimamente da el tiempo solicitado, creyendo estar olvidándome, no haré nada, no diré nada, lo intentaré, juro que lo intentaré, intentaré engañar mi propia tristeza... y lo lograré. Para mi desgracia...

6 de julio de 2008

Echadlos de la ciudad

Es triste ver periodistas convertidos en meros portavoces de instituciones públicas, gobiernos, fuerzas policiales. Lo que en su momento llevaba el orgulloso mote de "cuarto poder" -tumbaba gobiernos, era látigo y terror de políticos corruptos-, hoy no es más que de un hatajo de chupatintas y lameculos, temerosos de perder su silla.

15 de junio de 2008

Jerusalén-Tel Aviv


Subo al coche. Sábado por la mañana. La ruta vacía. Buena música en la radio. Jerusalén va desapareciendo a mis espaldas. Enfilo hacia el Mediterráneo. El nudo en la garganta. La despedida de acontecimientos intensos. Un universo que se abre. Una confianza que se establece. Presto atención a la velocidad. Aminoro hasta plantarme en los cien reglamentarios. La mañana, la música, una ruta vacía, invitan peligrosamente a acelerar, un coche que se desboca como potro con deseos de correr.
A mis costados, a los lados de la carretera, murallas, a manera de estético pasillo. Cuándo llego a Tel Aviv, tan solo cuarenta minutos después de haber puesto en marcha el coche, me apabulla el abismo. Los universos irreconciliables. Es como si la ruta misma fuese un pasadizo secreto que va preparando el cuerpo y la vista en ese pasaje entre oriente y occidente.
(más tarde se me ocurriría que el muro es algo así como decir "no sabemos que hacer con esto ni como solucionarlo y mientras tanto lo mejor es no verlo. No queremos verlo. Se tapa, y nos olvidamos").

8 de junio de 2008

Jerusalén, nuevamente


Llevo ya días por estos lares. No son nuevos...
La semana pasada toca recorrido por Jerusalén Este. Un entramado urbano -sí es que a esa desorganización de calles, casas e infrastructuras se puede denominar urbano- en contraste con lo que pasa en occidente, es decir, al otro lado de la calle. A veces ni siquiera eso, se trata del vecino. La desidia, la venganza del vencedor.
Días después toca cena con un intelectual palestino. Sus argumentos son más el producto de una ilusión que el reflejo de la realidad. Un problema que arrastran los palestinos, mil veces engañados por sus "hermanos", desde hace décadas. Sin pragmatismo, no hay paz posible.
Inocentemente, apunto una modesta propuesta: que ambas partes, a pesar de la oposición de las propias masas, renuncien a sus líneas máximas, hagan verdaderas concesiones dolorosas. En un día histórico, los israelíes declararían su renuncia a la soberanía sobre aquella alucinada Jerusalén indivisible. Y los palestinos, al derecho al retorno de los refugiados. Ambas posiciones, el intento de Israel de no negociar sobre Jerusalén, y la inviable pretensión de los palestinos al retorno de los refugiados al actual Israel, son dos aspiraciones imposibles. No habrá negociación alguna, paz en el horizonte, si los pueblos no asumen que el precio hay que pagarlo, con moneda fuerte. Negociar exige renuncia, y un liderazgo fuerte frente a sus propias filas.

(esto no significaría, ni mucho menos, que los israelíes no puedan acceder al este de Jerusalén ni que los refugiados no obtengan acordes indemnizaciones).

Jerusalén, nuevamente