12 de agosto de 2011

Los bystanders


Recuerdo hace muchos años haber presenciado la siguiente imagen. Estaba en Plaza Catalunya, temprano por la mañana. Había ido a acompañar a un amigo que tomaba el bus para el aeropuerto. Tras despedirme, atravieso la plaza en dirección a Las Ramblas.
Las palomas en su círculo central, como siempre. De repente, se ven sorprendidas por el fulminante ataque de un grupo de gaviotas que, cayendo en picado sobre una de ellas, la destrozan. Las palomas, temerosas de su propio destino, se hacen a un lado, mirando hacia otra dirección, mientras las gaviotas ultiman la faena…
A esa imagen se me dio en denominar los bystanders, en clara relación con los estudios de genocidio, que me ocupaban en esos momentos.
Semanas atrás, cuándo todos deseaban creer haber alejado el peligro, los titulares de la prensa festejaban el “acuerdo griego”. Aplaudían las medidas. Actuaban como las palomas. Mientras se le imponían unas terribles “cláusulas de rendición” al pueblo heleno, en toda Europa se miraba hacia otro lado, dispuestos a sacrificar a toda una población, con tal de alejar el peligro de nuestra propia puerta. No era más que un espejismo. Actitud infantil que, ante el miedo, se pone debajo de la manta. Si no vemos, el coco no existe. Ese era solo parte de una estrategia general, de un ataque frontal a la soberanía popular. Tarde o temprano, nos tocará a cada uno de nosotros… En los setenta, se alentaban, se apoyaban, se financiaban y se organizaban golpes de Estado para imponer medidas económicas similares a las exigidas a Grecia (y antes a Irlanda y Portugal). Ahora sacar los tanques es demodé. No queda bien. Esta mal visto. Basta con la amenaza de la intervención económica. Se hablan de “ciertas cesiones de soberanía”. Mucho eufemismo para mencionar lo mismo. Si no asumimos esta crisis como lo que es, no se podrá articular la sociedad civil, en su conjunto y con todos sus mecanismos, para detenerla.